Paraíso

bar-in-paradise-1600-1200-playas-paradisiacas-agua-turquesaEstamos en un local de ambiente entre caribeño y de isla griega. Mesas y sillas de madera blancas y almohadones del mismo color. El suelo, asimismo de madera, está desgastado por el roce de las pisadas arenosas de todos los que alguna vez disfrutaron del encanto de este lugar, habiendo adquirido una tonalidad grisácea no uniforme que le da apariencia de añejo. Desde aquí se observa una playa de arena bañada por un mar azul turquesa que la acaricia con delicadeza. Sobre la mesa hay dos copas de vino y un plato con unas pocas trufas. Se pueden distinguir nubes, a modo de pinceladas, que no hacen otra cosa que romper el azul uniforme del cielo. Sopla una ligera brisa que aleja de nuestros cuerpos toda sensación de calor. Tú estás radiante, como siempre, aunque quizás no… no, como siempre no, ¡más que siempre!, ¡mucho más que siempre! Hay algo en este lugar que te hace sentir cómoda, a gusto, que hace que te puedas abandonar, que seas sólo tú, y tu rostro así lo refleja. Blanco, negro, plata y azul, colores que realzan la belleza del momento, tonalidades que colorean deseos, gama cromática de una película que transcurre en el paraíso.

Y de repente todo parece cobrar sentido. De repente sueño y realidad se confunden. No soy capaz de discernir qué es real y qué es fruto de mi imaginación… aunque quizás tampoco lo deseo. Contemplar tu silueta acercándose despierta mis sentidos y un estallido muy dentro de mí me indica que sí, que no hay renuncia posible, que todo mi ser te desea como nunca antes había deseado, que eres tú o no será nadie. Ese mar triunfalmente azul, esa melodía cadenciosa que nos regala el oleaje, esa arena que acaricia nuestros pies descalzos con ansia de engullirlos, ese sol que borra cualquier atisbo de penumbra, esa tú y ese yo… todo esto conforma los límites del paraíso. Un paraíso tejido con el movimiento de tus labios, con tu pícara sonrisa, con la luz de tu mirada, con las palabras que escapan de tu boca para vivir en mis oídos… pero también con los abrazos, las caricias y los besos que, de forma improvisada y efímera, nos dibujamos el uno al otro.

No encuentro palabras para expresar lo que siento en este momento. Son sentimientos que están en mi cabeza, en mi corazón, en mi piel, pero soy incapaz de verbalizarlos, sólo puedo vivirlos… Son egoístas, no quieren compartir con nadie la felicidad que estamos viviendo. Intento retener los aromas, memorizar las sensaciones, interiorizar el momento, grabar en mi retina formas y colores. Quiero dormirme todas las noches reviviendo estos instantes y que al cerrar los ojos tú seas mi último pensamiento. Sólo la muerte me impedirá revivirlos día tras día.

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