El señor Martín

trainingÉsta es una historia que conocí durante una cena con amigos. Habla del señor Martín. El señor Martín nació en Salamanca, pasó su infancia en Almería, su juventud en Soria y su madurez en Barcelona. Se podría pensar que es una persona demasiado inquieta, una persona a la que no le gusta echar raíces en ningún lugar, que no necesita aferrarse a sus amigos. Pero los que le conocen dicen que no, que no es así, sino todo lo contrario.  Es de esas personas que siempre está ahí cuando le necesitan. Lo que ocurre es que la vida le ha conducido por sendas de virajes tortuosos que han propiciado que su camino estuviera lleno de idas y venidas. Y, a pesar de las dificultades, es de justicia resaltar el hecho de que siempre ha caminado por la vida rebosando optimismo y con una sonrisa en la cara. Aunque también hay que puntualizar que, si es menester, llama al pan, pan, y al vino, vino. Acostumbra siempre a poner los puntos sobre las íes.

Según me cuentan, una de sus grandes pasiones es la práctica del fútbol. Hay quién dice que nació con un balón en los pies y desde entonces no ha dejado de jugar. Es el referente cuando hay que organizar cualquier actividad con los integrantes de “su equipo” de fútbol, ya tenga que ver con este deporte o no. Todos los lunes a primera hora de la mañana envía, por whatsapp como no, la convocatoria para saber quién estará disponible para jugar esa semana. Y a pesar del medio, lo hace utilizando un verbo pulido y elegante, que denota su origen castellano. Le apodan la Roca. Dicen que sólo Dios, y al que le ha sucedido, saben que chocar con él durante en un lance del juego es lo más similar a darse de bruces contra una pared de hormigón armado.

Una aparente contradicción que me llamó la atención es que hablaban de él tratándole de usted. Durante la conversación deduje que no era por falta de confianza o por una sobreactuación para escenificar el respeto que le profesaban. Simplemente se trata de una costumbre que se había instaurado y que nadie recordaba muy bien cómo se había iniciado. Tratar a alguien de usted no tiene por qué ser sinónimo de respeto. Y al contrario de lo que se pudiera pensar, no se les hacía extraño, era una fórmula de comunicación que surgió de forma espontánea. El señor Martín era la única persona del equipo con quién se tenía esta costumbre.

Un aspecto que, parece ser, ha sorprendido a algunos de sus amigos y que, debido a su talante reservado, esconde por naturaleza, es su capacidad de seducción. Ha vivido en pecado, ha estado casado dos veces, tiene dos hijos y una nieta, y también ha sido un soltero codiciado que se ha dejado querer… ha pasado por situaciones variopintas. Nadie habría dicho que la Roca tuviera tanto éxito entre el público femenino.

Al hilo de esta cualidad, me explicaron que hace unos seis meses rompió con el que entonces era su último romance y que, para subir su moral y sin pensárselo dos veces, se marchó solo a pasar unos días a un balneario. Volvió con la moral muy alta y un número de teléfono en el bolsillo. Su capacidad de seducción hizo el resto. Lo que más me maravilla es que, a sus setenta y un años, se haya enamorado de una mujer de su misma edad de tal forma que, con una reacción más propia de un veinteañero, haya aparcado a hijos y nieta, haya vendido el piso que tenía en Barcelona y se haya comprado uno en Riolobos, provincia de Cáceres, que nada tiene que ver con el western de nombre parecido. Allí es donde vivirá su nuevo ¿último? amor, y allí se ha ido sin conocer a nadie más que a ella. Ay el amor…

Me sentí fascinado por esta historia y creí que merecía la pena contarla por el optimismo y la esperanza que rebosa. Ahora ya sólo falta conocer al señor Martín…

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