La Peluquería (Bar à vins)

2-copas-de-vino-al-dia-reducen-a-la-mitad-la-mortalidad-stellar-therapy-1024x662Fue un veintitrés de diciembre… o un ocho de junio. Tampoco importaba. El día había empezado mal. Se había levantado muy triste, triste y derrotado. La noche anterior le habían abierto los ojos. Sin proponérselo la mirada de Laura le había dicho lo que ella no decía con sus palabras, lo que él nunca había querido ver. Y le hizo daño. Le dolió ayer y le dolía hoy. Lo podía entender, pero eso no le ahorraba el dolor ni la sensación de fracaso. Había tenido que fingir que era un día normal, pero esa mirada le había perseguido durante toda la jornada. Le seguía hablando desde el recuerdo y le seguía diciendo que él no estaba en su corazón.

Se obcecó en verla de nuevo y desnudarse como nunca antes lo había hecho. Necesitaba decirle lo que sentía por ella mirándola a los ojos, necesitaba oír de sus labios que su corazón ya estaba ocupado, y necesitaba convencerse de que ella era feliz así. Estaba muy ocupada, como habitualmente sucedía, y tuvo que insistir repetidas veces, pero finalmente accedió a que se vieran.

Quedamos en La Peluquería, un bar de vinos que había detrás del Palacio del Viento. Le llamaban así porque estaba situado en una esquina de la ciudad donde el viento soplaba de manera ininterrumpida once meses al año. Todos menos agosto. Él llegó primero. Estaba nervioso. Pidió una copa de vino tinto y se la bebió con un par de tragos. Tenía que hablar mucho. Tenía que prepararse. Hablar de sus sentimientos nunca le había resultado sencillo. Pidió otra copa. Cuando ella llegó iba por la tercera. Las palabras salieron fluidas de sus labios

  • He de pedirte perdón…

Con esta frase inició la conversación.

  • ¿Por qué he de perdonarte? ¿Qué has hecho?
  • Has de perdonarme porque estoy enamorado de ti.

Su cara de estupefacción no dejaba margen para la duda. Ella nunca había contemplado la posibilidad de sentir algo por él distinto de la amistad.

  • Pero sabes que yo…-empezó a decir ella.

Ignorando por completo sus palabras continuó.

  • Perdonarme por sentir un deseo prohibido, por apasionarme cuando quizás no debía, por buscarte en contra de toda lógica, por pensar siempre en ti, por haberte robado aquel beso… perdonarme por no querer dejar de amarte.
  • Tú no estás enamorado de mí, sólo te lo parece. No me conoces…
  • Sólo un poco, y me gustaría tener la oportunidad. He intentado olvidarte, borrarte de mi pensamiento, extirparte de mi corazón, substituirte incluso… pero todo ha sido en vano. No he sido capaz de lograrlo, he fracasado en mi intento y he tenido que rendirme a la evidencia: te deseo a ti.
  • Eso son fogonazos que normalmente la realidad se encarga de apagarlos…
  • No voy a discutírtelo, sólo me estoy limitando a expresar lo que siento en este momento, y que no ha variado ni un ápice desde que te conocí. A pesar del tiempo que ha transcurrido aún siento un cosquilleo nervioso en mi interior cuando sé que te veré. Ver tu nombre escrito en mi móvil me hace dar un respingo y me arranca siempre una sonrisa. Cuando te veo me sorprendo de lo bonita que eres… porque mi recuerdo nunca te hace justicia.

Ella le miraba fijamente a los ojos. Pareció que iba a replicarle algo pero ningún sonido salió de su garganta.

  • Soy consciente de que no puede ser, pero no quiero renunciar a una sonrisa, a una mirada o a un beso inesperadamente extraviado…

Hizo una pausa. Su corazón latía tan deprisa que creía que de un momento a otro estallaría.

  • Ayer por la noche no podía dormir pensando en nuestra cita de hoy. Me puse a navegar por Internet y tropecé con un texto que me gustó. Pensé que me hubiera gustado escribirlo para ti, porque reflejan la esencia de lo que siento…

Sacó un papel de su bolsillo y leyó.

“Seré brisa para así acariciar tu piel. Seré sol para besar tu cuerpo  y darte todo el calor que necesites. Seré luna para iluminar tus noches e invitarte a que te enamores de mí… Seré aire para que me respires y penetrar así muy dentro de ti. Seré mar para que me surques y poder rodearte con mis brazos”

  • Son palabras muy bonitas-replicó finalmente ella-No las merezco…
  • Te mereces éstas y muchas más que nunca alcanzaré a pronunciar. Pero no temas, lo tengo claro. No espero, no pido, no imagino, no sueño… me aferro a los momentos que me das, vivo cada uno de tus instantes con la ilusión del primero y la pasión del último. No puedo, no quiero, luchar contra mis sentimientos. Los sentimientos sólo son… la razón no puede quitarlos o ponerlos.

Un beso interrumpió la conversación. El mundo se tiñó de azul y Dilemma llenó el aire del bar…

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