Mundos paralelos

Torres22Nos encontramos en el año 2525. Contrariamente a lo que se pensaba en el siglo XXI, la vida en la Tierra no corre peligro de extinción gracias a la tecnología. Ésta, no sólo no ha acabado con la naturaleza, sino que la ha ayudado a perpetuarse a través de la tecno-natura. La combinación de nuevas técnicas de explotación de los recursos naturales, mucho menos agresivas, con los avances en el campo de la biotecnología han posibilitado la sostenibilidad de la vida en la Tierra. El dominio de otrora quimeras como la transportación molecular, han permitido colonizar otros planetas y traer al nuestro materiales inexistentes en la Tierra que, en ocasiones, han sido la llave para avances tecnológicos clave para la humanidad.

Gracias también a toda esta combinación de factores la esperanza de vida se ha situado alrededor de los ciento cincuenta años, y la estatura media se ha situado en el metro noventa. A pesar de estos cambios, la apariencia de las personas es la misma que en el siglo XXI y no existen ni mutantes ni seres con tres ojos o cuatro brazos. Todas las necesidades vitales están garantizadas hoy y en los siglos venideros, y el trabajo no es una necesidad sino que se ha convertido en un hobby. Las tareas duras, repetitivas y carentes de valor, se han dejado para las máquinas. Viajar se ha convertido en la actividad preferida y, con el dominio del espacio-tiempo, los viajes a través del tiempo son las vacaciones más preciadas. Los tipos de viaje más demandados son ver monumentos ya desaparecidos o en ruina total, contemplar grandes catástrofes o visitar tu lugar de nacimiento mil años atrás, por ejemplo.

Aunque hay una serie de restricciones para estos viajes:

  • No se puede viajar al futuro: la tecnología lo permitiría pero está desactivada. La vigilancia de la Policía del Tiempo, un cuerpo de élite independiente de gobiernos y lobbys que se retroalimenta a sí mismo, ejerce la vigilancia del cumplimiento de este principio.
  • Los viajes no pueden superar los diez días de duración, ya que a partir de este tiempo el retorno se compromete, dado que el organismo empieza a aclimatarse y a crear vínculos temporales erróneos con su falsa realidad.
  • Entre un viaje y el siguiente ha de pasar el doble de tiempo de la duración del viaje, para poder regenerar así los niveles de las enzimas sirtuinas, básicamente de la sirt3. Esta enzima es la que permite controlar los viajes a través del tiempo.
  • Está prohibido interaccionar físicamente con seres u objetos del pasado, aunque se permiten las manifestaciones en forma de hologramas. Estas interacciones permitidas son las que los humanos comúnmente han llamado apariciones o fantasmas. En realidad es una sobreexposición de la energía de los viajeros en el tiempo perceptible a partir de determinados niveles de sensibilidad.

Si se incumplen estas normas hay el riesgo, que no la certeza, de quedarse atrapado en el mundo donde se viaja. Si esto llega a suceder, automáticamente se crea un universo paralelo que se distanciará del original en función de la capacidad de cambio que la persona atrapada sea capaz de generar. De hecho hay universos paralelos que pueden llegar a confundirse y a cruzarse varias veces uno con otro.

Gordon McIntyre estaba haciendo un trabajo sobre el ataque del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York. Uno de los aspectos que le interesaba estudiar era los cambios en la vida cotidiana de los habitantes de Nueva York tras los sucesos. Para ello, había viajado varias veces al mes de septiembre de 2001, antes y después, para aprender la forma de vida de los neoyorquinos de la época. En el que debería haber sido su último viaje ocurrió algo que desbarató todos sus planes. Entró en una cafetería cercana al World Trade Center y una cara captó su la atención. Era la de una chica de su edad que estaba hablando con una amiga. Guapas, altas y morenas hay muchas pero, con esa mirada, no. Su mirada era de las cosas más tristes que jamás había visto. Era la viva imagen de la tristeza. Se acercó a escuchar la conversación.

Se trataba de una estudiante de último año de arquitectura a quién su novio la había dejado por su mejor amiga. Este curso iban a vivir juntos por lo que, con la ayuda de sus respectivas familias, habían comprado y arreglado un piso en el que ahora iba a vivir su “amiga”. Estaba sólo a nombre de él. Y además parecía ser que el engaño no había sido ni repentino ni reciente. Sucedió a principios del curso anterior. Estaba destrozada. Aún no se había atrevido a decirlo en su casa con lo que debía fingir normalidad delante de ellos, cosa que cada día le costaba más.

Gordon sintió una extraña atracción por aquella muchacha. Quizás porque conocía el sabor del engaño. Quizás porque el espejo le había devuelto muchas veces una mirada parecida. Lo cierto es que en el resto del viaje no hizo otra cosa que estar con ella. La acompañaba a todas partes, siendo testigo mudo de sus momentos más tristes: las noches. Acurrucada en su cama no paraba de llorar hasta que el cansancio la vencía. Gordon estaba con ella hasta que se dormía. Cuando eso sucedía, la arropaba bien, le daba un beso en la mejilla y se marchaba.

Viajó varias veces al año 2001 cuando Sarah era feliz, engañada pero feliz. Y en esos días su mirada era otra: alegre, resplandeciente y soñadora. Tenía la cabeza repleta de sueños. Gordon sentía una inexplicable necesidad de estar con ella. Su vida empezó a girar, oficialmente, alrededor de su tesis y, realmente, alrededor de Sarah. Prácticamente no hacía otra cosa que viajar para “estar” con ella. Llegó a conocer a su familia, a sus amigos y, como no, al maldito ex novio y a su ex mejor amiga. Nunca, salvo en una ocasión, llegó a manifestársele. Fue la noche en la que Sarah se lo comunicó a sus padres. No podía conciliar el sueño y no paraba de llorar. Ella creyó que tenía una alucinación cuando vio a Gordon. Él se limitó a esbozar una tímida sonrisa y a hacer el ademán de recoger una de sus lágrimas. Ella quedó muy desconcertada por el suceso, pero lo achacó a su estado de ánimo. Incluso le contó a una amiga que “su aparición” se parecía al primer novio que tuvo, y que debía de tener algún significado…

Uno de los viajes lo hizo a la Nochevieja de 2001. Quería pasarla con ella y comprobar la evolución del su estado de ánimo con el paso del tiempo. Viajó al día de Navidad. Cuando llegó a su casa se encontró con algo que no esperaba. En aquel piso reinaba la tristeza y olía a muerte. La habitación de Sarah parecía un santuario. Temió lo peor. Sarah había fallecido en los atentados del 11 de septiembre.

El siguiente viaje lo hizo al 10 de septiembre de 2001 por la noche. Sarah ya estaba durmiendo. La mañana del 11 de septiembre la acompañó a coger el metro. Subieron en la parada de la 59 con Lexington y se apearon en la de Cortlandt Street. Gordon comprobó, con horror, que Sarah entró en la Torre Norte cinco minutos antes de que se estrellara el primer avión.

Esta vez tardó bastante en volver a viajar. De pronto se había dado cuenta de que había estado viviendo en un sueño, en un “mundo” irreal que su imaginación había construido. Era difícil asimilar que se hubiera enamorado de Sarah sin necesidad de ninguna interacción física. La ternura se tornó cariño y éste, a su vez, desembocó en amor. Saber que moría así le había dejado muy tocado. Y una mañana al despertarse decidió que si el destino había hecho que se fijara en ella sería por alguna cosa. Debía hacer algo para salvarla. Así que hizo un par de viajes más para acabar de empaparse del modo de vivir de la época, antes de abandonarlo todo y emprender el que sería su último viaje. Porque esta vez se materializaría. Decidió viajar a las ocho de la mañana del 11 de septiembre de 2001.

Sarah estaba acabando de desayunar. Su padre le había pedido que llevase unos papeles a su asesor de inversiones antes de ir a la universidad. Debía ir a Fred Alger Management Inc. que estaba en la Torre Norte del WTC. Al salir se dirigió hacia la parada de metro que se encontraba a unos cinco minutos escasos. Gordon la abordó antes que doblara la primera bocacalle.

  • ¡Hola! ¿Tienes un minuto? Hoy es tu día de suerte.
  • Es mi día de suerte ¿por qué? ¿Porque me he cruzado contigo? – dijo Sarah irónicamente y sin detenerse – Estoy harta de capullos engreídos, ¡lárgate!
  • No me malinterpretes por favor, no intento ligar contigo ni venderte nada. Pero si me escuchas un minuto verás como tengo razón.

Sarah siguió caminando ajena a las palabras de Gordon.

  • Sé que vas a coger el metro y vas a bajar en la parada de Cortlandt Street. Te propongo que me permitas acompañarte y que bajemos una parada antes, en City Hall.
  • No puedo, tengo prisa. Luego voy a clase y tengo casi una hora de viaje. Y para que lo sepas, esta manera que tienes de ligar es ridícula.

Gordon decidió sacar la artillería pesada.

  • Estuve presente la primera vez que Matt i Nikki se enrollaron.

Sarah se detuvo de inmediato. Se quedó mirándole fijamente a los ojos y diríase que su semblante iba cambiando de color. Desde un blanco luminoso al negro más tétrico. Estaba a punto de derrumbarse. Pasados unos largos e incómodos segundos pareció sobreponerse.

  • ¿Cómo que estabas presente? ¿Qué sabes tú de eso? ¿Quién eres?
  • Acepta mi propuesta de bajar antes del metro y te contaré toda la historia.
  • Y dale con el metro… ¿Qué sabes de Matt i Nikki? ¿Qué tiene que ver el metro en todo esto? No entiendo nada.
  • Hagamos lo que digo y lo comprenderás. Todo empezó por una apuesta…

Sarah dio un brinco.

  • ¿Una apuesta? ¿Qué quieres decir? ¿Qué clase de apuesta?
  • Vamos al metro – respondió Gordon.

La curiosidad pudo con ella y Sarah accedió a las pretensiones de Gordon.

Por el camino le estuvo explicando detalles sobre la relación entre su ex novio y su ex mejor amiga, algunos ciertos y otros pura fantasía. Sarah era toda oídos y casi no podía articular palabra. De su boca sólo salían exclamaciones y algún monosílabo. Llegaron a City Hall.

  • Bajamos aquí – dijo Gordon
  • Pero qué más da. La otra está más cerca y hemos de andar menos…
  • El trato era bajar aquí, así que muévete. Aún me queda explicarte lo más curioso de la relación entre Matt i Nikki…– soltó Gordon con aire misterioso.

Bajaron en City Hall y se pusieron a caminar hacia el WTC. Él iba mirando disimuladamente su dispositivo de tiempo para ver qué hora era. Faltaban pocos segundos. Cuando desde Chambers St. enfilaron por West Broadway el primer avión impactó en la Torre Norte. La cara aterrorizada de Sarah lo decía todo. Pasó un buen rato hasta que logró pronunciar las primeras palabras.

  • ¡Dios mío, Dios mío! – no paraba de gritar – ¡Yo iba allí! ¡Al piso 93 de la Torre Norte! ¡Dios mío qué horror! Si no hubiera sido por…

Sarah se detuvo y calló. Se le quedó mirando con los ojos completamente abiertos.

  • Te dije que hoy era tu día de suerte.
  • ¿Quién eres? ¿Cómo sabes tantas cosas?
  • Es una larga historia, muy larga. Merece que te la cuente tranquilamente mientras cenamos. Y ahora sí que estoy intentando ligar contigo…

 

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