¡Por fin ya es viernes!

soledad3Viernes 08:05

Hoy la expresión de la gente es distinta. Se nota que ya es viernes. Parece que tienen menos sueño que los demás días y se percibe un ambiente más alegre, diríase que más festivo. Ropa más casual, pronunciado con marcado acento inglés, y una mayor predisposición a dejar los problemas para la semana que viene.

Viernes 10:00

Reunión de la Comisión TIC mensual.

Una reunión muy densa presidida por la Directora General. Siempre hay demasiados puntos en el orden del día y la reunión se eterniza. Hoy tiene que hacer tres presentaciones, una de las cuales es delicada porque supone una desviación presupuestaria. Hay que empezar por esa… Pero está tranquilo, la tiene bien argumentada. Y como siempre, durante las dos horas de reunión treinta y tantos mensajes nuevos que seguro esconden unos cuantos “marrones”.

Viernes 12:00

Reunión de la Comisión de Seguridad Informática.

Ésta es una reunión “abracadabrante”. No le interesaba mas que al Responsable de Seguridad, que era el promotor de la misma. Siempre aprovechaba para gestionar correo pendiente y algún que otro “marrón”. Hoy no es distinto.

Viernes 14:00

Reunión para planificar los despliegues de la semana que viene.

En éste tipo de reuniones no hace otra cosa que poner sentido común, que es el menos común de los sentidos, y tomar decisiones. Las que le corresponden y las que los demás no se atreven a tomar pero que, al no hacerlo, bloquean el avance de los proyectos. Normalmente acierta. Supone que es por eso que se las dejan tomar.

Viernes 14:30

Éste es el momento de la semana que el destino reserva para las incidencias, las inesperadas notificaciones de cambio que impactan en el funcionamiento de algún sistema y las peticiones de información del gerifalte de turno que debe de aburrirse los fines de semana. Gestionar, enfocar, alinear, extraer, tramitar, encargar… son los verbos que suele conjugar en esta última media hora.

Viernes 15:00

Desbandada. Todos salen a escape hacia casa. Han dado el pistoletazo de salida para el anhelado fin de semana.

A diferencia de los demás, Guillermo se marcha sin prisas y decide ir dando un paseo hasta la estación del tren. De hecho, le da igual la hora a la que llegue a casa. Está vacía… como él. No hay nadie esperándole. A menudo sus viernes no tienen mucho que ver con los de la mayoría de sus compañeros de trabajo. Para él suelen ser días enormemente tristes. Empieza el fin de semana y es cuando tiene tiempo para darse cuenta de su soledad, para vivirla con toda su crudeza. Esa soledad que un día llegó para llenar el hueco dejado por la pérdida de sus ilusiones… Y también son tristes porque sabe que, durante el fin de semana, no tendrá la más mínima oportunidad de verla. Porque le será imposible escuchar su voz, porque no pasará casualmente junto a ella y respirará, aunque sea efímeramente, su perfume…

Durante el camino a la estación realiza su terapia diaria. Tiene por objetivo convencerse que no se halla en ese estado de demencia temporal que la gente bautiza como enamoramiento. Debe acabar con el incesante revoloteo de las mariposas como sea. Cada día, la batalla entre el corazón y la razón debe ganarla esta última. Si no tiene corazón no se lo pueden dañar.

Viernes 16:35

Ya en casa, se deja caer en el sofá. Enciende la televisión y aparece un canal de música. Suena Paloma Faith. Al cabo de unos segundos la apaga. No tiene ganas de música, no tiene ganas de gente, no tiene ganas de mundo… Se enrosca. Siente dolor. Dolor por todo y por nada. Quiere dormir, tan sólo dormir. Quiere dejar de pensar para que no aparezcan los fantasmas, sus fantasmas. Esos fantasmas de los fines de semana que se alimentan de sus miedos y de sus inseguridades. Aunque, por otro lado, esos fantasmas son la única compañía con la que cuenta, porque son los únicos que le soportan, que aguantan sus altibajos, que toleran ver como se compadece de sí mismo.

Viernes 21:05

Vive en un sueño, un sueño hecho a su medida, un sueño que se desvanece día tras día. Abre una botella de vino. Bebe una copa. Y una segunda. Y también una tercera. Bebe más. Toda la botella. Abre otra y sigue bebiendo. Siente como algo se va agrietando en su interior, despacio, sí, pero imparablemente. Le araña. Duele, duele mucho, duele cada vez más… El dolor y el vino acaban por vencerle. Morfeo le toma en sus brazos.

Sábado

Se despierta y, durante un par de segundos, es consciente de que su mente y su cuerpo están en calma. Siente paz. Pero pasados ese par de segundos ella asoma por algún rincón de su corazón. Dolor. Sábado. Limpiar y comprar. Comprar y limpiar. Excitante. Un calco de cualquier otro sábado. La conversación más interesante que sostiene gira en torno al aumento del precio de los guisantes. De vuelta a casa llora. Nadie le ve y se siente libre para hacerlo. El sábado llora e intenta que se agoten todas sus lágrimas.

Domingo

Si el sábado compra y limpia el domingo plancha. No le entusiasma en absoluto, pero plancha. Se acuerda de una amiga a la que “le pone” fregar. Él lo intenta con la plancha, pero nada, no hay manera… Así que plancha y punto. Y si aún le queda alguna lágrima, la llora. Ha de llegar al lunes limpio como una patena. Suena el teléfono. Alguien que se ha equivocado. Y navega por esos mundos virtuales en los que todo el mundo parece feliz, en los que las desgracias se tildan de oportunidades y el destino siempre depende de uno mismo, porque el azar, como tal, no existe. Se cansa de esta visión. Un poco está bien. Mucho es demasiado. ¡Vaya!, aparecen unas cuantas lágrimas rezagadas…

Lunes 07:15

Saca del armario la mejor de sus sonrisas, la de los lunes, y se marcha a trabajar. Al traspasar el umbral de la puerta sufre una mutación y se convierte en la persona que no es. Pero este personaje mola a la gente…

Lunes 08:05

Llega al trabajo y va directamente a la máquina del café. En su casa se había terminado y necesita “gasolina” para abordar un día que seguro estará repleto de decisiones difíciles y problemas que gestionar. Se encuentra con ella.

  • ¡Hola! – exclama al verle – ¿Qué tal el fin de semana?
  • ¡Uy, perfecto! – miente – El sábado estuve con unos amigos de fiesta y cerramos todo los locales que encontramos. El domingo todo el día tirado en el sofá. Creo que aún me dura la resaca ¡jaja!
  • Me alegro que te divirtieras, ¡tú sí que sabes! Siempre le digo a mi marido que los fines de semana están para eso, para hacer locuras, divertirse, improvisar… Pero es un muermo, no hay nada que hacer. Es de lo más aburrido y monótono.

Ella no se imagina hasta qué punto sus palabras le desgarraron las entrañas. No lo sabe ni lo sabrá nunca…

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s