Halcón Negro

Black Hawk 2Eran cerca de las siete de la tarde. A esta hora no quedaba mucha gente en la oficina. Marta y Julia estaban a punto de dar por finalizada su jornada laboral. Julia ya había apagado el ordenador, recogido los papeles de su mesa y se disponía a ponerse la chaqueta.

  • Desde que hemos venido aquí cada día se me hinchan los pies – comentó Marta.

Se quitó los zapatos y le mostró los pies a su compañera.

  • Sí, ya veo, los tienes un poco hinchados…
  • ¿Un poco? ¡Los tengo horribles! ¡Con lo bonitos que los he tenido siempre!
  • A mí no me pasa – dijo Julia –, pero cada día cuando termino de trabajar tengo un dolor de cabeza terrible. Antes no me ocurría. También me ha empezado a suceder desde que hemos venido al nuevo edificio.
  • ¿Estará encantado? – exclamó Marta riendo.
  • ¡Vete tú a saber! Bueno, me voy que llego tarde, hasta mañana.

Un empleado de la limpieza había estado observando toda la escena.

  • Tiene usted razón señorita – dijo el empleado.

Marta dio un respingo y se giró en la dirección de la voz.

  • ¿La he asustado?
  • No le había visto, pensaba que estaba sola.
  • Lo siento… – se disculpó el empleado – Sólo quería decirle que tiene razón.
  • ¿Razón? ¿En qué tengo razón?
  • Sobre este edificio pesa una maldición.

Por unos instantes Marta se quedó desconcertada. Miraba a los ojos de aquel hombre intentando descubrir si le estaba tomando el pelo.

  • Es una broma, ¿no?
  • No, no es broma. Este edificio está construido sobre un antiguo cementerio sioux.
  • ¿Cementerio sioux? Aquí nunca ha habido sioux…
  • Eso no es del todo cierto. Mi bisabuelo era sioux y vivió sus últimos años en Barcelona.

Marta seguía creyendo que aquel hombre le estaba gastando una broma.

  • Mi bisabuelo era Halcón Negro, Chaytan Sapa en la lengua sioux, un guerrero que formaba parte de la troupe de indios que participaban en el espectáculo de Buffalo Bill. ¿Le suena el nombre?
  • Buffalo Bill sí, claro… pero el de su bisabuelo no, para nada.
  • Buffalo Bill vino a Barcelona con su espectáculo del salvaje oeste en el año 1889…
  • No sabía que Buffalo Bill hubiera estado en Barcelona – le interrumpió Marta.
  • Pues sí, estuvo, y mi abuelo también. Y no regresó a los Estados Unidos, se quedó a vivir aquí. Hubo un pequeño grupo, decían que de una docena más o menos, que se escondieron y no subieron al barco de vuelta. Mi bisabuelo fue uno de ellos.
  • ¿Y eso? ¿Por qué no volvieron?
  • Los otros no lo sé, pero mi bisabuelo a los dos días de haber llegado a Barcelona cogió la gripe y lo ingresaron en el Hospital de Sant Pau. Allí se enamoró de una enfermera. Mi bisabuela. Fue un flechazo. Se casaron al cabo de un par de meses de que le dieran el alta en el hospital.
  • Parece sacado del guión de una película…
  • Pero la gente de aquí les tenía miedo por las historias de barbarie que se contaban de los indios, y una noche en un callejón asesinaron a cinco de los sioux y arrojaron sus cuerpos al mar. Pero éste los devolvió a la playa.
  • Vaya…
  • Las autoridades de la época decidieron hacer desaparecer los cuerpos y silenciar el incidente. No los podían enterrar en un cementerio católico, por lo que buscaron un lugar alejado de la ciudad que no estuviera cerca de ningún camino y los enterraron. Los enterraron exactamente donde estamos ahora, justo debajo de este edificio.

No supo muy bien el por qué, pero un escalofrío recorrió de arriba a abajo su cuerpo. Esa revelación la estremeció.

  • Pero al ser tan pocos estaban pendientes los unos de los otros, y enseguida conocieron el suceso. Los demás sioux, mi bisabuelo entre ellos, vinieron aquí e hicieron el ritual “wi wanyang wacipi”, que significa “la danza de mirar fijamente al Sol”. Se trata de un ritual que convierte un lugar en sagrado, para que los espíritus de los sioux allí enterrados hallen la paz eterna. Se sella con la sangre del Guardián, que jura proteger el lugar incluso después de que su cuerpo muera. Se convierte en una reencarnación de Wakan Tanka, el Gran Creador. La sangre que se utilizó en esa ceremonia fue la de Halcón Negro, mi bisabuelo. Cualquiera que profane un lugar sagrado sioux será maldecido, y el Guardián se encargará de que sufra hasta morir.

Marta escuchaba atentamente y cada vez estaba más asustada.

  • Un año después de la muerte de mi bisabuelo, en 1930, una adinerada familia de la burguesía catalana compró los terrenos con la intención de construir un hotel. Se inauguró en 1932 y al cabo de pocos meses empezaron a suceder hechos extraños. Primero fueron pequeñas molestias físicas que sufrieron algunos de los empleados, después aparecieron sábanas inexplicablemente manchadas de sangre en varias habitaciones y, finalmente, en 1935 asesinaron a tres huéspedes. En 1936 se cerró el hotel. La guerra civil también ayudó a ello.
  • ¡Oh! – exclamó una aterrada Marta – ¿Y qué sucedió después de la guerra?
  • El hotel quedó abandonado durante muchos años, hasta 2006. La familia lo vendió a un grupo inversor. Al cabo de un par de años se derribó el edificio y se construyó el actual. En 2009 se alquiló a una empresa del sector de la alimentación, pero antes que pudiera trasladarse la empresa quebró.
  • Vaya…
  • En 2010 su empresa de telecomunicaciones lo alquiló y ustedes se trasladaron aquí.
  • Es una historia sorprendente…
  • Si yo fuera usted no permanecería mucho tiempo entre estas paredes.

Tras decir esto el hombre se excusó diciendo que tenía que limpiar en otra de las plantas. Marta lo siguió con la mirada hasta que desapareció, tras lo cual se marchó a casa.

Al día siguiente, nada más llegar, Marta explicó a su compañera la conversación que había mantenido con el hombre de la limpieza.

  • Me estás engañando – le dijo Julia – No puede ser cierto, no puede ser – repetía Julia -, no puede ser. Además yo llevo todos los contratos de servicios generales y gestiono las autorizaciones para la entrada al edificio. No hay ningún hombre en la empresa de la limpieza, todo son mujeres.
  • ¿Estás segura?
  • Por supuesto.

Ambas mujeres se pusieron a buscar en Internet a partir de lo que el misterioso hombre de la limpieza había contado. Todo lo que encontraban iba encajando con el relato, aunque había algunas cosas que no lograban constatar… ni tampoco desmentir. Pero hubo algo que dejó helada a Marta. Toparon con unas viejas fotografías de la visita de Buffalo Bill a Barcelona.

  • ¡Julia, Julia, Julia! – exclamó una excitada Marta.
  • ¿Qué pasa? – preguntó intrigada Julia.
  • Este indio, este indio… ¡es él!
  • ¿Él? ¿Quién?
  • El hombre de la limpieza…
  • Según el pie de foto es Halcón Negro… pero son fotos antiguas que se ven muy mal, seguro que te confundes, igual estás un poco sugestionada con toda esta historia…
  • Que no, que no, que es él…

En ese instante se oyeron unos aterradores gritos provenientes del despacho del director. Eran de su secretaria.  Los empleados que estaban más cerca corrieron hacia allí. La visión no era agradable. Los papeles que había sobre la mesa estaban empapados de sangre. El director, Brilliant Mortimer, se había volado la tapa de los sesos. Había caído de bruces sobre la mesa.

A los seis meses Marta y Julia no trabajaban en la empresa.

A los dos años la empresa cerró después de un concurso de acreedores.

A los tres años el ayuntamiento expropió el edificio y el terreno debido a las deudas de los propietarios.

Al cabo de cinco años el ayuntamiento derribó el edificio y transformó el lugar en un parque lleno de árboles, césped y muchas flores. Nunca más volvió a saberse nada de Halcón Negro…

 

 

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s