Napoleón Bona (parte 2)

NBII-2Tardamos sólo un par de días en vernos. No quería dilatar el final una vez tomada la decisión. Quedamos en Rick’s Café Americain. Su propietario era un fan acérrimo de Humphrey Bogart y, además, eternamente enamorado de Ingrid Bergman. Mejor nombre imposible. La ambientación era como en la película y contaba, también, con un pianista negro llamado Sam… Cuando llegué Anastasia ya me estaba esperando.

  • ¿Seguro que ha llegado la hora? – me preguntó.
  • Seguro…

Mientras disfrutábamos de sendas copas de vino repasamos todo lo que nos quedaba por hacer.

  • La sesión de grabación de este año nos llevará más tiempo… sabemos que es la última – comentó Anastasia.

Había sido una idea suya que yo “compré” casi de inmediato. Todos los años ella me filmaba despidiéndome del mundo… bueno, para ser exactos, de todos y cada uno de las personas de “mi” mundo. Tampoco eran tantos. Eran unas grabaciones pensadas para verlas el día de mi entierro. ¿Macabro? Tal vez, pero la idea de mostrarme tal y como era cuando era en el momento que ya no fuese me seducía. Cado año grabábamos una nueva presentación del video, una nueva despedida, añadíamos a las personas que se habían incorporado en mi vida durante los últimos doce meses y repasábamos todas las grabaciones hechas por si había que cambiar o quitar alguna. Luego Anastasia editaba y montaba el video definitivo, definitivo hasta el año siguiente claro, en que repetíamos la operación. Aunque esta vez sí sería el definitivo de verdad… El montaje final debía de durar alrededor de unos cinco o seis minutos. Tampoco quería machacar al personal el día de mi entierro. Esta vez grabaríamos el principio y final definitivos.

  • Hay una persona de la que me quiero despedir distinto, no sólo con una grabación. Quiero escribirle una especie de carta, un texto dirigido a ella. Habrá que colgarlo en mi blog en el mismo instante…
  • Entiendo… – musitó Anastasia.
  • Pero quiero que lo hagas tú, es más seguro. Espero que lo lea…

Hubo un momento de silencio, de un silencio que se podía cortar. A pesar que muchas veces habían hablado de ello, la cercanía del momento creaba cierta tensión entre ambos.

  • ¿Ya lo has escrito?
  • No, aún no, esta noche lo haré.

Se emplazaron para el sábado siguiente en casa de Anastasia para realizar la última sesión de grabación.

Esa noche me puse delante del ordenador y empecé a escribir. Al cabo de un par de horas estuvo listo. Empezaba con una cita:

Vendrán muchos ganadores, jóvenes imberbes, a encender inquietudes (John Fitzgerald Kennedy)

A ti, por la forma que tienes de ser tú, por lo que me dejaste sentir, por lo que me hiciste vivir… Llegaste con el eclipse y desapareciste amparada por la fresca luminosidad del alba. A medida que el sol se imponía mi presencia iba disminuyendo hasta ser casi imperceptible, y la vida que crecía a tu alrededor se iba tornando, por casualidad, triste, dura y amarga. Pero la pasión y la confianza consiguieron que no te evaporases, que no encontraras motivo para esconderte o huir. Elegí quedarme a tu lado desafiando a la razón para vivir una locura maravillosa, con el único propósito de reconstruirme junto a ti, aunque para ello tuviera que gastar todas mis vidas futuras

Le mandé el texto por correo electrónico a Anastasia. “No intentes comprenderlo, son palabras que no tienen ningún sentido para ti… Quién haya de entenderlo, lo entenderá”, escribí en el texto del mensaje.

La próxima luna llena era al cabo de dos semanas. Teníamos tiempo suficiente para montarlo todo. La solución final había cambiado de guión y de “atrezzo” en varias ocasiones. Desde un cierto dramatismo audiovisual inicial hasta la intimidad más absoluta y anónima que finalmente se había impuesto. Escogí bajar el telón de una manera más solitaria, más acorde con lo que estaba siendo últimamente mi vida, a pesar de una tentadora oferta de Anastasia realmente difícil de rechazar… pero no podía hacerle eso… Al fin y al cabo estaba solo. No tenía familia, ni pareja ni hijos. Bueno, técnicamente, tenía un hijo, aunque sólo técnicamente. Hace unos años le di semen a una amiga lesbiana que deseaba engendrar un hijo. Renuncié a cualquier derecho, y obligación, que pudiera tener sobre la criatura que engendrara mi amiga. De hecho, llegué a conocer a “mi hijo”, pero a los dos meses de nacer mi amiga y su pareja marcharon a vivir a Suecia. No la había visto nunca más…

Cinco días antes de la luna llena ya teníamos montada la grabación. El resultado me satisfizo, si, dadas las circunstancias, puede decirse así. Anastasia, conocedora de todos los detalles de la “solución final”, sería quien, el día siguiente al de autos, daría la voz de alarma. Posteriormente, publicitaría el video y llamaría la atención sobre el texto que ella misma habría publicado. Deseaba que Laura leyera el texto.

El día “D” llegó. Cuando hubo anochecido, cogí el coche y conduje hasta el mirador. Una vez allí abrí la pequeña nevera del coche y saqué el champagne y la copa. Había que despedirse con cierto estilo… El plan era beber el champagne con la única compañía de la luna y de su luz, mientras escuchaba una recopilación de canciones que me recordaban a ella… y soñar, dejar volar la imaginación para casi embriagarme con su perfume, para casi rozar su piel, para casi sentir sus labios, para casi… La aparición del sol marcaría el momento en que debería tomar las pastillas…

Nada más llegar, empezaron a soplar unas tímidas ráfagas de viento que, en cuestión de minutos, se convirtieron en rachas de viento fuerte que traían consigo oscuros nubarrones. La luna y las estrellas desaparecieron del cielo y toda mi visión se redujo a una densa cortina de agua. “Así no estaba planeado…”, pensé. No podía despedirme de la luna ni brindar por ella, ni con ella… Cada vez llovía más. No era una tormenta, sino que se trataba de una lluvia pertinaz que podía estar cayendo durante horas. La situación me sumergió en un estado de desánimo, primero, y de frustración y enojo después. Gloria Stefan me habló por la radio. ¿Casualidad? ¿Señal? No podía irme así, sin volver a empaparme de ella, de su luz… Cogí el móvil y mandé un mensaje a Anastasia: “Operación abortada”. Debería esperar a la próxima luna llena…

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