El bolígrafo mágico

20150118_145045La llamada del capitán le sobresaltó. Era cierto que hacía tiempo que no se veían, pero parecía que hablara otra persona. Era su voz pero no sus palabras. Detrás de ellas parecía esconderse algún misterioso secreto. Se habían citado, como de costumbre, en el bar del hotel. Cuando llegó, Ren ya estaba bebiendo una copa de vino. Sólo verle llegar, sin mediar palabra, Lucía, la camarera, le sirvió una. Era un sol de mujer.

  • ¿Qué tal capitán? ¡Dichosos los ojos! – exclamó Rick luciendo una de sus mejores sonrisas – ¿A qué se debe su llamada? He de reconocer que ha conseguido intrigarme…
  • Hola Rick, necesito su ayuda – dijo el capitán.
  • Cuente con ella…
  • No se apresure en su respuesta, mon amie – respondió Ren – Es un poco delicado…

Rick escudriñó con curiosidad al capitán. Su semblante era distinto a como le recordaba, su piel estaba más ajada, parecía más viejo… Ren se había puesto unos cuantos años encima en los pocos meses que hacía que no le veía. Algo en su mirada le hizo poner en alerta, no sabía identificar qué era, pero resultaba evidente que Ren estaba apurado.

  • Cuénteme, ¿en qué le puedo ayudar?

El capitán respiró hondo y, con estudiada parsimonia, se dispuso a hablar.

  • Siempre me ha dicho que usted conoce a gente… gente digamos… digamos… de los bajos fondos… ¿verdad?
  • ¡Jaja! Me encanta esta expresión… “de los bajos fondos”.
  • Bueno Rick, ya sabe a qué me refiero – refunfuñó Ren.
  • Bueno, sí, lo intuyo, pero ¿cómo de bajos? – dijo riendo Rick.
  • ¡No estoy para bromas diantre! – exclamó muy serio el capitán – Lo que quiero pedirle es importante para mí.
  • ¿En qué lío se ha metido, alma cándida?

El capitán miraba impasible al frente.

  • Adelante, le escucho.
  • Necesito una nueva identidad – le espetó de sopetón.

Rick se le quedó mirando con cara de asombro.

  • ¿Qué? – preguntó Rick enarcando ambas cejas y estirando exageradamente en sonido de la e – Por el amor de Dios, ¿qué ha hecho Ren?
  • Nada, nada… simplemente necesito otra identidad.

Rick no sabía qué cara poner. Contemplando el semblante de su amigo se podía descartar cualquier tipo de broma… Ren era un pésimo actor.

  • Nadie se levanta un buen día por la mañana y piensa que necesita una nueva identidad, así, sin más. ¿En qué problema se ha metido? – preguntó Rick con semblante que denotaba preocupación – Explíquemelo para que lo comprenda…
  • Quiero desaparecer, necesito desaparecer… – le interrumpió el capitán – Pero no se preocupe, no he hecho nada malo.
  • ¿Entonces? – preguntó Rick – ¿Se ha vuelto loco? Necesito entenderlo capitán, ¿qué demonios le pasa?
  • Mire Rick, estoy cansado, tremendamente cansado. Estoy cansado de ver siempre las mismas caras, de pasear por las mismas calles, de escuchar las mismas historias… necesito cambiar, necesito respirar otro aire… éste ya pesa demasiado para mí.
  • Pero para empezar de cero no es necesario una nueva identidad, basta con proponérselo, cambiar de ambiente, de compañías…

El capitán no escuchaba.

  • Estoy cansado de ser un buen tipo, una gran persona, un buen amigo e incluso, a veces, ¡como una amiga! Estoy harto de servir sólo como confidente, como paño de lágrimas… harto de imaginarme una vida mejor, de vivir la felicidad sólo en sueños… Cansado de confiar que un día habrá un antes y un después tras la cola de un supermercado…
  • ¿Ha pasado alguna cosa importante en estos últimos meses que yo no sepa?

Ren le miró con semblante inexpresivo y continuó hablando como si no hubiera oído nada.

  • Me he sentido ridículo en demasiadas ocasiones… duele, duele mucho aunque, por suerte, sólo haya sido en mi intimidad. No sé dónde ni cuándo, pero en algún lugar perdí la ilusión, las ganas de vivir, todo lo que alguna vez me hizo feliz quedó en el camino…

Rick le interrumpió. Una idea se había cruzado en su mente.

  • ¿Quién es ella? – preguntó Rick de repente.
  • ¿Por qué ha de haber una ella? – preguntó esbozando una media sonrisa.
  • Porque le conozco bien, y sé que una reacción con este aire a tragedia griega sólo puede obedecer a un desengaño amoroso…. o a lo que usted identifica como tal.
  • Lo único que pasa es que me he dado cuenta que mi vida no me gusta.
  • Pues cámbiela – sugirió Rick – No hace falta que desaparezca.
  • Es muy fácil decirlo… – balbuceó Ren.
  • Insisto, ¿quién es ella?
  • Qué más da quién sea ella, ya no importa…

Rick quedó pensativo y, lentamente, sacó un objeto de su bolsillo.

  • Déjese de nuevas identidades y de desaparecer. Voy a hacerle un regalo.

Le entregó un bolígrafo al capitán.

  • ¿Un bolígrafo? ¿Ésta es su gran solución?
  • No es un bolígrafo cualquiera, es mágico. Si escribe un deseo con él, se cumplirá.
  • ¡Vamos Rick! Seamos serios – exclamó el capitán.
  • Puedo dar fe de que es cierto… aunque han de cumplirse unas normas.
  • ¿Qué normas?
  • Para que funcione, la persona que lo utilice ha de ser de buen corazón y lo tiene que haber recibido de alguien que lo haya usado.
  • Deduzco que usted ya lo ha utilizado, ¿no es así?
  • Deduce bien.
  • ¿Qué otras normas hay que observar?
  • Debe tener en cuenta que funciona una sola vez. Y la última norma es que el deseo debe afectar a otra persona, no puede pedir nada material para usted.
  • Si no puedo pedir nada para mí, ¿cómo me va a ayudar el bolígrafo?
  • Pida que ella se enamore de usted…

Ren observaba el bolígrafo con estupefacción. Lo que Rick le estaba contando empezaba a cautivarle. 

  • ¿Sabe su historia?
  • Dicen que cuando el emperador chino Xuan Di estaba muy enfermo y sabía que le quedaba muy poco tiempo de vida, encargó a un brujo una tinta mágica que hiciera que se cumpliera todo aquello que se escribiera con ella, con la esperanza de pedir su curación. No funcionó, el emperador murió y el brujo fue ajusticiado por el sucesor del emperador. Pero el hijo del brujo descubrió, casualmente, que le tinta en realidad sí funcionaba, aunque no en la forma en que el emperador había pensado. La tinta pasó de generación en generación custodiada por los descendientes del brujo. Guerras, saqueos, invasiones… nadie sabe a ciencia cierta cómo, en 1960 un parte de esta tinta fue encontrada por un artesano alemán que la puso en tres bolígrafos. Uno es éste.
  • ¿Y los otros dos dónde están?
  • Nadie lo sabe… Hubo un escritor italiano que intentó seguir la pista de los bolígrafos, pues uno cayó en sus manos, el que ahora tiene usted en las suyas. Pero murió sin haberlo averiguado… Venga, invíteme a una copa que me la merezco, y después olvídese de desaparecer y ya puede empezar a pensar qué deseo escribir.

Esa noche el capitán ya había olvidado sus deseos de desaparecer. Le había impresionado la historia del bolígrafo. Estaba sentado en la mesa de la cocina bebiendo una copa de vino tras otra y contemplando completamente embelesado el bolígrafo que tenía entre sus manos. En la radio sonaba Rosana. Le daba vueltas a la historia, al bolígrafo, a sus deseos… y al vino. Morfeo se lo llevó poco después de haber apurado completamente la botella.

Cuando despertó vio una hoja de papel encima de la mesa. Encima de ella se encontraba el bolígrafo mágico. Había algo escrito. ¡Dios, ya lo había utilizado! No recordaba nada… Rápidamente cogió el papel. La primera palabra no podía leerse debido a una mancha de vino. Parecía tener cuatro letras, aunque sólo se distinguía una “c”… ¿o quizás fuera una “o”? Debajo de ella, había escrita una frase:

No desaparezcas nunca de mi vida

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