La isla

Imagen 101bEstaba en la barra del bar del hotel bebiendo una copa de vino mientras disfrutaba del espectáculo que le brindaban las olas golpeando una y otra vez la barrera de rocas de la diminuta isla de Daksa. El mar mostraba su cara más arisca y dura, la más poderosa. Sobre las rocas el faro contemplaba impasible la escena.

  • He oído decir que el farero vive en el faro y no sale nunca de la isla ¿Es eso cierto? – le preguntó al camarero en tono distendido.
  • Pues sí señor, es cierto
  • Pero esa isla es muy pequeña y, por lo que me han dicho, no hay nada más que el faro.
  • Le han dicho bien. En la isla no hay otra cosa que el faro, y por eso una vez por semana hay una lancha que le lleva víveres. Usan un pequeño embarcadero que hay en el otro lado de la isla.
  • ¿Y por qué no la abandona nunca? – inquirió Jürgen – Debe de ser tremendamente aburrido estar siempre allí, ¿solo o hay una “farera”?
  • No hay ninguna “farera”. Es una larga historia…
  • Pues póngame otra copa y cuéntemela. Soy escritor, y me interesan las historias…

El camarero inició su relato.

Veintiún años atrás, Dražen era un joven que estaba viviendo una maravillosa historia de amor con Nataša, una chica guapísima un par de años más joven que él y de la que estaba locamente enamorado. Ella le correspondía. Se habían conocido el verano de hacía un par de años, cuando ella vino a pasar las vacaciones al pueblo. Verse y enamorarse sucedió en el mismo momento. Empezaron a vivir un romance que, al final del mismo verano, les llevaría a querer unir sus vidas. Una locura. Alquilaron una casa situada, precisamente, donde ahora se alzaba el hotel y la convirtieron en su hogar. Ambos rebosaban felicidad por todos sus poros. Eran pasión loca, deseo desbocado, placer casi prohibido… Él vivía entregado completamente a Nataša, besando por donde ella pisaba… Ella se sentía realizada a su lado, repleta de vida y alegría, sufriendo de impaciencia los días que, por su trabajo, debían permanecer separados.

Una noche, como muchas otras, Nataša salió a pasear a Nuca, la perra que Dražen le había regalado en su último cumpleaños. Pero esa noche Nataša no volvió a casa. Los paseos nocturnos con la perra acostumbraban a ser cortos, de no más de media hora. Cuando hacía hora y media que Nataša había salido Dražen empezó a inquietarse. A medida que iban pasando las horas iba poniéndose más y más nervioso, a estar más y más angustiado. Se pasó la noche en vela rastreando los alrededores del pueblo. No dejó camino, sendero ni claro del bosque por explorar, pero siempre sin éxito. Preguntó por ella en todas las casas de los alrededores, pero nadie la había visto. Dražen se sentía morir. Su mundo se estaba resquebrajando e iba camino de hacerse añicos. Su habitual entereza empezaba a desmoronarse. Poco después del amanecer apareció en casa Nuca, la perra. Llegó sola. Nataša no regresó con ella. La policía estuvo buscándola durante muchos días, semanas, meses incluso… pero todas las pesquisas fueron infructuosas. Ni en hospitales, ni en estaciones de tren, de autobuses o aeropuertos… en ningún lugar la habían visto. Dražen insistía en continuar, denunciaba desesperadamente que la habían secuestrado y que no podían desistir en buscarla, que no podía haber otra explicación que el secuestro. Su mente era incapaz de procesar cualquier otra cosa… Pero con el paso de los días la policía empezó a no darle mucho crédito a lo que decía, y archivó el caso. Dražen se volvió loco. Literalmente. Estuvo ingresado en una clínica especializada durante más de dos años, pues en un par de ocasiones intentó quitarse la vida.

Entre los habitantes del pueblo surgieron varias teorías. Desde los que creían que, efectivamente, Nataša había sido secuestrada hasta los que sugerían que se había marchado con un amante, pasando por la teoría del asesinato tras una violación… En definitiva un sinfín de elucubraciones repletas de matices, marcadamente macabros, pero sin ninguna prueba sólida que las sustentara. Sorprendentemente la gente del pueblo empezó a “recordar cosas” a propósito de la desaparición de Nataša: el dueño del quiosco había visto un extraño desconocido con cara de pocos amigos que ese día estuvo preguntando por Dražen en el pueblo, la farmacéutica había visto a Nataša paseando a Nuca en compañía de un apuesto joven el último día que Dražen se había ausentado, su vecina observó, el día de la desaparición, una misteriosa furgoneta negra con la matrícula embarrada aparcada delante de la casa de Nataša durante toda la tarde y hasta bien entrada la noche, y que a la mañana siguiente ya no estaba, la pescadera había notado una repentina alegría, sin motivo aparente, en Nataša los días previos a su desaparición… Incluso había quién decía que Dražen la había asesinado y que su cuerpo estaba enterrado en la isla… En fin, todo habladurías  y cotilleos.

Dražen, una vez dado de alta por los médicos, no volvió a su antiguo trabajo y decidió ayudar a su padre en el faro. Quería vivir solo, por lo que acondicionó un pequeña estancia de la planta baja del faro como dormitorio, durmiendo allí todas las noches. Era incapaz de volver a su casa… Al principio sus amigos iban a visitarle y, de vez en cuando con la excusa de una fiesta o un acto social, le convencían para que abandonara por unas horas la isla y viniera al pueblo. Pero poco a poco sus amigos dejaron de visitarle, dadas sus reiteradas negativas a salir de allí. Su padre murió hace dos años y, desde entonces, no ha abandonado esa pequeña isla para nada.

  • Pobre hombre… – exclamó Jürgen – Y usted, ¿qué cree que pasó?
  • ¿Yo? Mire, no sé… Dražen es mi primo, y aunque siempre he pensado que estaba loco por amar a Nataša de la forma en que lo hacía, no puedo dejar de pensar que marchándose de esa manera ella le destrozó la vida…
  • ¡Vaya! Así que Dražen es primo suyo. Entonces entiendo que cree que ella se marchó con alguien, ¿no?
  • No lo sé, pero a la vista de los hechos quizás es lo más probable… aunque nadie en el pueblo ni en la familia lo hubiera dicho… ¿Escribirá sobre esta historia? – preguntó el camarero.
  • Quizás escriba algo, es una historia interesante en varios aspectos… ¿Tiene alguna foto de Nataša y Dražen? Conocer su apariencia siempre ayuda…
  • Sí, tengo una de los dos en mi cartera.

Abrió un cajón que había detrás de él y sacó una cartera. De ella extrajo una fotografía.

  • Éste es la última fotografía que se hicieron juntos… siempre la llevo conmigo.

Jürgen cogió la fotografía que le tendía el camarero y la miró. La sorpresa fue mayúscula. Empezó a palidecer y se puso a temblar…

  • ¿Se encuentra bien? – le preguntó el camarero.

Lo único que llegó a balbucear antes de desmayarse fue un lacónico “es imposible…

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