A twitter tale

twitter-312464_640Ésta es la historia de Roberto, un muchacho que vivía en la pequeña ciudad de Alba, en el Piamonte. Había nacido en el seno de una familia trabajadora de clase media. Su padre era ebanista, y su madre ama de casa dedicada en cuerpo y alma al cuidado de la familia. Su hermana, unos años menor, de apariencia gordita y cabezona, sentía devoción por él. Y él era el rey de la casa, el preferido, el que, a pesar de su edad, se desenvolvía con soltura ante cualquier situación. Era algo innato. Y a la gente no le pasaba inadvertido. Le habían rodeado de un aura de admiración que, a la postre y sin que Roberto se diera cuenta, le iba cambiando, le iba dinamitando su interior.

En el fondo Roberto era un muchacho al que le daba miedo crecer y, aunque la mayoría de la gente no lo sospechaba, tímido hasta la médula. Le asustaba el sufrimiento, el daño físico, los conflictos fuesen de la clase que fuesen… Inconscientemente, buscaba la aquiescencia de todos. Era su manera de tener estabilidad emocional y sentirse en paz consigo mismo. Aunque lo que le causaba más pavor, lo que verdaderamente le aterraba, era fracasar. Y ya llevaba dos cursos repetidos, con lo que no podía permitirse el lujo de volver a tropezar. Había suspendido la asignatura de Ciencias Naturales y la única manera de poder subir nota y aprobar el curso era mediante la presentación de un trabajo. Había quedado con su tutor, el señor Gervilla, que en el plazo de una semana presentaría un estudio sobre las mariposas. En concreto, el trabajo debía dar respuesta al cómo y al por qué de los vistosos colores de sus alas, complementándolo con la presentación de algún ejemplar especialmente vistoso. De esta manera podría subir la nota. Haría el trabajo y aprobaría. Decidió no comentar nada a sus padres. Le parecía que lo tenía todo bajo control.

Una tarde salió al campo a buscar mariposas. Iba “armado” con su cazamariposas y un par de tarros de cristal que, con anterioridad, habían contenido lentejas. Al lado de unos hermosos rosales atisbó una mariposa de alas multicolores que revoloteaba yendo de flor en flor. Sigilosamente se fue acercando sin perderla de vista, siguiendo todos sus movimientos, como si quisiera descubrir algún patrón en ellos pero, de repente, la tierra se hundió. Cayó en un agujero que había en el suelo y que, al estar pendiente del vuelo la mariposa, no había visto. Cayó a unos dos metros y medio de profundidad. Lo suficiente para que no pudiera alcanzar con sus manos los bordes del agujero. Lo suficiente para que no pudiera salir. Su primer pensamiento fue de desesperación. Era media tarde. Nadie sabía que había ido al campo. Nadie sabía que estaba allí. Y el camino estaba demasiado lejos para que sus gritos pudiera oírlos algún paseante ocasional. Se puso a gritar como un loco, aunque sin obtener ninguna respuesta. Sus gritos iban ahogándose, poco a poco, en su llanto. No podía contenerlo, estaba aterrado. Rápidamente le vino a la memoria la leyenda de Rocco, con la que los padres de la comarca asustaban a sus hijos cuando no querían acostarse.

Rocco fue el primogénito del tercer Señor de Alba y futuro heredero de todas sus tierras y títulos. Todo el mundo le tenía miedo. Era despiadado, cruel y sanguinario y sólo despertaba odio y antipatía entre sus conciudadanos, que rezaban para que Lorenzo, el padre de Rocco, fuera muy longevo. Una noche de luna llena, tras una acalorada discusión con su padre, Rocco salió como alma que lleva el diablo del palacio y se fue directo hacia el bosque. Una manada de lobos le atacó y mató en los campos de los alrededores de Alba, antes de poder llegar al bosque. Años más tarde, en el lugar donde había muerto se plantaron unos hermosos rosales de rosas rojas, precisamente los mismos que revoloteaba la mariposa que perseguía Roberto esa tarde. Explica la leyenda que la “providencia” había condenado a Rocco a vagar eternamente hasta que encontrara su corazón, pues cuando se halló el cadáver no había ni rastro de él. Era la única parte del cuerpo que faltaba. En las noches de luna llena el espíritu de Rocco vagaba por el lugar de su muerte en busca del corazón perdido. La creencia popular era que jamás podría encontrarlo porque Rocco nunca lo tuvo, y por eso pensaban que si el espíritu se cruzaba con alguna persona le arrancaba el corazón para ver si, de esa manera, se liberaba de su condena. Esa noche habría luna llena. Quiso gritar de nuevo. Ni siquiera él pudo oír su propio grito. El miedo la había atenazado.

Aconteció que al cabo de un par de horas pasaron por allí dos muchachas de su misma edad. Se acercaron a coger unas rosas cuando vieron al muchacho dentro del hoyo. Roberto no las conocía. Una era rubia y la otra morena. La muchacha rubia lucía una sonrisa preciosa, hipnótica, contagiosa, y parecía rebosar alegría por todos sus poros. La morena se adivinaba elegante, jovial y de mirada penetrante y sincera. Quizás eran las dos muchachas de las que toda la escuela hablaba. Habían llegado en la segunda mitad del curso y no habían pasado desapercibidas. No por su aspecto físico, que también, sino por la vitalidad y el entusiasmo que transmitían, por la pasión que ponían en todo lo que hacían, porque siempre estaban dispuestas a echar una mano, por su carisma, por la capacidad de liderar a sus compañeros… Se decía que una aura mágica las envolvía y protegía…

Las muchachas decidieron ayudarle. Pero por mucho que se estiraban no podían llegar a coger a Roberto para auparlo y sacarlo del hoyo. Se esforzaban para llegar cada vez más abajo, pero el éxito parecía resistírseles. La desesperación se dibujaba por momentos en el rostro de Roberto. Súbitamente ocurrió algo que dejó a Roberto boquiabierto. Primero llegó uno al borde del agujero. Después otro. A los que siguieron dos más… y así, como soltados con cuentagotas, fueron llegando sucesivamente infinidad de pequeños pájaros azules que se situaron en círculo alrededor del agujero. Como si obedecieran una orden alzaron el vuelo y fueron a posarse encima de Roberto. A una nueva señal imaginaria volvieron a elevarse batiendo sus alas con una sincronización perfecta. La fuerza de succión del movimiento de las alas empezó a levantar a Roberto del suelo muy lentamente. En menos de un minuto estuvo fuera del hoyo. Los pájaros desaparecieron de la misma forma que habían llegado. Las dos muchachas, entre sonrisas, habían continuado su camino.

Roberto salió a toda prisa de allí para ir hacia su casa. Cuando llegó les contó a sus padres todo lo ocurrido. Bueno, todo, todo no… Desde el suspenso en Ciencias Naturales hasta como un par de labradores le habían sacado del agujero donde había caído. Cambió a los pequeños pájaros azules por unos labradores. Si decía la verdad no le iban a creer… Sus padres le recriminaron no haber confiado en ellos, y le hicieron ver que fracasar no tiene porque ser una tragedia. Fracasar enseña. Esa noche, ya en la cama, repasó mentalmente los acontecimientos del día, y se dio cuenta que no había podido dar las gracias a las dos muchachas que le ayudaron. La sola idea de abordarlas en la escuela para darles las gracias le ruborizó… Su timidez le impedía dar ese paso. Por eso pensó escribir un cuento con ellas de protagonistas a modo de homenaje anónimo, y colgarlo en el tablón de anuncios de la escuela… Escribió un relato que empezaba así:

Este cuento está dedicado a las dos hadas madrinas que un día se cruzaron en mi vida de la mano de unos pequeños pájaros azules…

 

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4 thoughts on “A twitter tale

    • Holaa!!! Muy contento de verte por aquí!! Tengo un par escritas, pero aún han de hacer chup-chup… y deseando tener material nuevo para más…

      Besos!!!

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