Night Club

Neon_Open_greenIndiana’s era el club de moda de las noches neoyorquinas. Llegaron al pequeño club justo en el instante que finalizaba la primera canción. Estaba lleno, pero ellos habían reservado la mejor mesa, al lado del escenario. Junto a la misma, encontraron una cubitera repleta de hielo de la cual sobresalía el cuello de una botella de champagne. Se sirvieron. La luz que atravesaba las copas parecía teñir de dorado el ambiente. Brindaron, brindaron por ellos y por sus destinos. Brindaron para ahuyentar sus temores y para invocar sus alegrías. Se sentían cómodos hablando, compartiendo, riendo… su pasión por la música, por las palabras, por la vida les había reunido. Ellos no lo sabían entonces, per estaban ávidos el uno del otro. Sólo deseaban que esa noche fuera mágica. Indiana’s reunía todos los ingredientes para que así fuera…

Como cada martes por la noche actuaba en el club un pianista que interpretaba versiones de canciones conocidas. Era uno de los motivos por los cuales el local se había puesto de moda. Sentado al piano, se disponía a cantar la segunda canción de la noche: In the wee small hours of the morning.

Era una canción preciosa, romántica, de melodía embriagadora, de las que jalean la imaginación…

  • ¿Quizás demasiado romántica para empezar? – preguntó ella.
  • No, es perfecta, me encanta… si te concentras en su melodía puedes soñar, soñar con una solitaria playa de arena blanca y aguas turquesas, sentir el tacto de la arena tibia en los pies, la brisa marina acariciándote… y en tu compañía, eso se convierte en un lugar perfecto… cierra los ojos y vuela… – le dijo él a modo de susurro.

Ella sonrió. El brillo en su mirada denotaba aceptación. La conexión entre ambos era muy fuerte.

  • ¿Bailamos? – preguntó él de sopetón al tiempo que dibujaba una tímida sonrisa en su cara.
  • Por supuesto, me encantaría – respondió ella.
  • Pues vamos allá…

Se acercaron el uno al otro mirándose fijamente a los ojos. Ella pasó sus brazos alrededor de su cuello. Él, a su vez, la cogió por la cintura. Suave pero decididamente la atrajo hacia sí hasta casi rozarse. Sus caras estaban muy juntas, casi pegadas, era capaz de respirarla… Empezaron a moverse acompasadamente al ritmo de la música. Ambos bailaban con los ojos cerrados. A él le parecía que sus cuerpos se rozaban levemente al bailar, como si fueran capaces de traspasar la ropa, y la atención de sus sentidos estaba puesta en ese roce, en esos rincones cargados de magnetismo. Más que tocarla, la sentía. En su interior nació un, inicialmente, débil cosquilleo que iba “in crescendo” a medida que avanzaba el baile, una sensación de placentera excitación que hacía brotar alegría por todos los poros de su piel, que le provocaba la sensación de haber dejado de tocar el suelo… Estaba exultante, concentrado en sentir, en vivir esos momentos con toda la intensidad de la que era capaz, en dejarse llevar por la magia de esos instantes… No quería perderse nada del baile, de la melodía, de las palabras… nada de ella.

Una tras otra fueron bailando canciones. Románticas, simpáticas, alegres, de todo tipo, pero siempre con la misma ilusión, con la misma pasión, con la certeza que estar en el paraíso debía consistir en una sensación semejante a esa… La luz tenue, la música que llenaba el ambiente, ella, sobretodo ella, habían sido capaces de crear esos instantes mágicos, unos instantes que deseaba fueran eternos, unos instantes en los que no sabía explicar lo se sentía… Pero al fin y al cabo las sensaciones son para vivirlas, no para ponerles nombre. Y él estaba haciendo eso: vivirlas, vivir la magia, vivirla a ella…

La noche avanzaba con más canciones, más bailes, más sensaciones…Al final, las capas de protección que inicialmente pudiera haber existido, habían desaparecido. Ambos se habían dejado seducir por el otro sin oponer resistencia, casi deseándolo, guiándose únicamente por el suave bamboleo de sus cuerpos al bailar… y habían sido capaces de soñar juntos, de compartir un sueño, de aislarse del mundo, de volar… Allí, en ese club, con esa música y en compañía uno del otro, habían vuelto a sentir que la vida está tejida de momentos, y que disfrutarlos con pasión es lo que va dando forma a la felicidad. Merece la pena vivir aunque sólo sea por esos momentos…

Terminaron de sonar las últimas notas de If I fell

  • Esta ha sido la última canción – dijo ella – Me ha encantado bailar contigo esta noche…
  • A mí también me ha encantado, espero que haya muchas más noches como ésta… – respondió él – Es maravilloso movernos al son de la misma melodía…
  • Por supuesto que habrá más… pero ahora ya toca retirarse… Que tengas dulces sueños…
  • Sí, a tu lado el tiempo ha pasado demasiado rápido… dulces sueños preciosa…
  • ¿El próximo baile en París? – preguntó él.
  • O tal vez en Roma… – repuso ella.

Dicho esto ambos se desconectaron del chat.

Él pensó que el próximo baile podría ser en Roma, en París, en Venecia… daba igual. No importaba el lugar mientras su pareja de baile fuera ella…

Ella pensó que el próximo baile podría ser en Roma, en París, en Venecia… daba igual. No importaba el lugar mientras su pareja de baile fuera él…

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