La ex-modelo, el mago y un menú de 10 €

la citaErnesto llegó temprano al restaurante. “La esperaré en la mesa tomando una cerveza bien fría”, pensó. Se sentó y mientras esperaba observó las mesas que estaban cerca de la suya. Dos mesas con sendas chicas solas. Una rubia y la otra morena. La rubia no era muy alta, poseía un bonito pelo rizado, labios gruesos y nariz algo respingona. Muy resultona. La morena era alta, de largas piernas, rasgos exóticos y unos maravillosos ojos verdes. Podía tratarse perfectamente de una modelo.

Al cabo de cinco minutos llegó un chico que entró directo hacia la mesa de la muchacha rubia. Ella le obsequió con una sonrisa de oreja a oreja. Se besaron. La felicidad se dibujó en el rostro de ambos. Sentí una punzada de dolor en mi interior. Era evidente que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía no lo había superado…

De repente el móvil emitió un silbido. Prácticamente al unísono, el de la chica morena también silbó. Sus miradas se cruzaron. Ambos sonrieron. Laura le había mandado un mensaje.

Aún en el trabajo. Mejor quedamos otro día. Besos

Se quedó mirando el mensaje con cara de bobo… Miró temerosamente a su alrededor, como si alguien pudiera haberse dado cuenta de lo ridículo que se sentía. Una idea absurda. Se sentía empequeñecer por momentos. Después de todo lo que había tenido que cambiar para poder estar hoy aquí… En el fondo pensaba que le estaba bien empleado, por esa tendencia a soñar despierto que, en muchas ocasiones, le hacía vivir en un mundo lleno de fantasía…

Oyó que la chica morena le comentaba al camarero que ya podía tomar nota, que la persona que esperaba finalmente no acudiría. Quizás fuera el tono de su voz, las palabras utilizadas o el acento, inequívocamente italiano, pero esa frase hizo que se disparara un resorte en su interior que le empujó a hablar. Él fue el primer sorprendido al oírse decir:

– A mí me han dejado plantado. ¿Quieres que comamos juntos?

Tardó uno segundos en responder, durante los cuales su cabeza se convirtió en un hervidero de temores, excusas, y dudas… Estaba paralizado por el miedo… La respuesta de la chica le retornó al mundo real.

– De acuerdo – contestó ella – Me llamo María ¿En tu mesa o en la mía?

No estaba preparado para esa respuesta. Por unos momentos se quedó en blanco. Incapaz de decir nada, incapaz de hilvanar ningún pensamiento… Finalmente balbuceó algunos vocablos entre los cuales le pareció identificar “Ernesto” y “tuya”. Pasados los primeros segundos y cuando su capacidad cognitiva empezaba a recuperarse lentamente, dedujo que le había contestado que comerían en la mesa en la que ella estaba sentada. Le parecía incomprensible que una mujer como aquella hubiera aceptado compartir su tiempo con él. Ahora tenía que romper el hielo, ¡pero romperlo ya! No podía dejar pasar una oportunidad  como aquella… El día anterior había visto una película en la que el protagonista les decía a sus hijos:

Sabéis, a veces todo lo que necesitas son veinte segundos de coraje irracional. Literalmente veinte segundos de coraje irracional y os prometo que obtendréis algo magnífico

En esos momentos necesitaba los veinte segundos. Ya debía de haber gastado la mitad. Le quedaban diez. Le parecía que el tiempo corría más deprisa de lo normal. Empezó a tener mucho calor. Una gota de sudor empezó a deslizarse hacia abajo desde su pecho. Se mantenía inmóvil para que no apareciera ninguna mancha en su camisa… Creía que ya estaba fuera de tiempo, y sólo acertó a preguntar abruptamente:

– Tú eres modelo, ¿verdad?

Ella le miró. El temió alguna reacción airada. Muy lentamente el semblante de ella empezó a iluminarse, al tiempo que una ligera sonrisa iba apareciendo en su rostro.

– ¿Te lo parezco? – preguntó divertidamente María – Antes hacía de modelo, pero hace unos años que lo dejé para centrarme en mi restaurante. Pero gracias por el piropo… porque era un piropo ¿no?

Una súbita ola de calor le recorrió de abajo a arriba. Su cara era lo más parecido a un semáforo con el disco en rojo.

– Bueno sí… pero no creas que intento algo… no porque no seas guapa, no quiero decir esto, eres muy guapa, me gu… gustas… – Ernesto empezó a tartamudear – … pero me… me gustas de una manera que… que… de… de gustar simplemente, no de manera sexual, no… bueno sí, también, pero no era lo que quería decir…

– ¡Déjalo! – exclamó María que reía sin ningún disimulo – ¿Y si volvemos a empezar?

Callé de inmediato. No sabía si debía coger la iniciativa…

– Hola, me llamo María y, aunque te lo parezca, no soy modelo – dijo María entre carcajadas – Tengo un restaurante.

– Hola, me llamo Ernesto y, aunque te lo parezca, no soy completamente idiota, sólo un poquito – dijo muy serio Ernesto – Y soy mago.

– Pues te recomiendo el menú de 10 €. Yo lo voy a pedir. ¿Te apetece?

Estuvieron tres horas comiendo. Bueno, quizás más que comiendo, que también, estuvieron bebiendo y, sobretodo, hablando. María aún no había cumplido los treinta y cinco y, aparentemente, parecía despreocupada, insensible y banal. Nada más lejos de la realidad. Se trataba de un estudiado disfraz tras el cual se escondía alguien preocupada por cualquier gesto, por cualquier palabra, con una gran sensibilidad y una capacidad de superación fuera de lo común. Le cautivó su manera de ver la vida. Envidiaba la frescura de sus planteamientos, su insensata determinación para afrontar los problemas y la lógica sin contaminar de sus ideas. Su juventud le proporcionaba el ímpetu necesario para sentirse inmortal, para pensar que el tiempo era prácticamente infinito y para creer que el mundo podía no tener límites. Su filosofía se podía resumir en una sola frase: la vida es para vivirla… Le sorprendió que identificara a la perfección programas de televisión, música, anuncios… que, dada su edad, no podía haber vivido en primera persona. Ella decía que era gracias a sus hermanos. Ese anacronismo aumentaba su atractivo y presagiaba una constante capacidad de sorprender… Tenía una memoria prodigiosa, una curiosidad insaciable y una voluntad de aprendizaje infinita.

En esas tres horas, para Ernesto, dejó de existir el resto del mundo. En esas tres horas Ernesto se enamoró de María. Al final de esas tres horas María creyó que Ernesto era un tipo muy interesante. A Ernesto, esas tres horas, le parecieron tres minutos. En esas tres horas María no miró ni una sola vez el reloj. Al final de esas tres horas Ernesto no le dijo a María lo que sentía. Ser vulnerable no entraba dentro de sus planes inmediatos. Exponerse le daba pavor…

– Si te apetece podríamos repetir comida otro día – dijo Ernesto sin duda arropado por el vino – Si me das tu teléfono…

– ¡Por supuesto! – respondió ella – Y tú hazme una perdida, así tengo el tuyo.

Se despidieron. María se levantó y partió hacia su trabajo. Llegaba tarde. Ernesto se quedó unos minutos más, apurando el último destilado. Sacó el móvil y buscó el número de teléfono que María acababa de darle. Estuvo unos segundos contemplando el nombre y el número que aparecían en la pantalla. Se oía de fondo cantar a James Blunt. Escuchó el último verso: But it’s time to face the truth, I will never be with you”. Ojalá su magia sirviera para algo más que para dejar boquiabiertos a niños y a abuelos… Borró el número de teléfono. Quería evitar ilusionarse y que su fantasía le jugara otra mala pasada… No quería caer en la tentación de llamarla. No soportaría volver a sentirse ridículo… Aunque si llamaba ella sería distinto, entonces sería distinto…

“Lo que ha dado de sí este menú de 10 €”, pensó Ernesto cuando se marchaba del restaurante.

Advertisements

2 thoughts on “La ex-modelo, el mago y un menú de 10 €

  1. Me quedo con la frase:”La vida está para vivirla”…Claro que si!!!Y el arrojo,la valentía y el coraje de hacer algo aunque te cueste es lo mejor de ella.Por eso tirar hacia delante y no dejar pasar ningún tren por deprisa que pase.Felicidades por compartir.Me siento muy identificada con mi último Post y lo comparto contigo:”El bambú comienza a crecer”.Y buen provecho…Jjajjaj. http://lanuckasmujermaravillosa.wordpress.com/

    • Gracias Laura! Estoy de acuerdo contigo. A veces olvidamos que lo esencial de la vida es, precisamente, vivirla. He leído tu post, buena reflexión… Me quedo con tu última frase: “Seguramente ya no vuelva a montar sola y me quede con la compañía de las buenas personas, que día a día aparecen en mi camino”

      Un abrazo

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s