Cenizas

rosa3Esta es la historia de Irina y Viktor. Ambos vivían en Kazanlak, una aldea situada en la llanura de Stara Zagora, a los pies de los Balcanes. Ella era una hermosa joven hija de un rico comerciante de tejidos que había hecho fortuna valiéndose de su amistad con el rey. Él era hijo del herrero de la aldea.

Ella aconsejaba a su padre sobre telas, texturas y colores, pues éste se dio cuenta que seguir los gustos y las ideas de su hija eran una de las claves del éxito de su negocio. Viktor aprendía el oficio ayudando a su padre para, cuando fuera de menester, poder hacerse cargo de la herrería.

El padre de Irina había quedado viudo hacía unos años y, a partir de ese momento, se había dedicado en cuerpo y alma a su negocio, dejando el cuidado de su hija al ama de llaves, que le había hecho las veces de madre y, también, de padre. Viktor nunca llegó a conocer a su madre, pues murió en el parto. Sus dos hermanas la habían substituido.

El ama de llaves tenía una hija, Mariya, cinco años menor que Irina. Las dos chicas pasaban la mayor parte del tiempo juntas, habiéndose convertido en amigas inseparables. A su vez, Mariya había sido compañera de juegos de Viktor durante su infancia aunque, desde que su madre había entrado como ama de llaves, casi no se habían visto.

El príncipe Yussuff había quedado prendado de Irina. El rey, que consentía todos los caprichos de su primogénito, finalmente había consentido que contrajera matrimonio con ella. Ambos padres lo habían acordado. Irina se convertiría en reina y su padre recibiría el título de Barón de Koprinka, juntamente con las tierras y los siervos para trabajarlas. El padre de Viktor sólo quería que su hijo adquiriera la suficiente destreza para que la herrería le garantizara un futuro que, si bien no le permitiría vivir en la abundancia, haría que no pasara excesivas penurias.

Pero el corazón es libre y no entiende de pactos. Irina no estaba enamorada del príncipe. Su corazón latía con fuerza por Viktor. Era un secreto que sólo conocía su amiga Mariya. Lo que ellas no sabían era que Viktor estaba, también, locamente enamorado de Irina desde la primera vez que la vio, hacía unos años cuando su familia llegó a la aldea procedente de Buzovgrad. Pero nunca se había atrevido a demostrarle sus sentimientos, era excesivamente tímido, y pensaba que una mujer como Irina, hermosa, inteligente, de una familia pudiente y ahora a punto de casarse con un apuesto príncipe, nunca se fijaría en alguien como él, físicamente vulgar, de familia humilde y con unas perspectivas de futuro que no podían colmar las aspiraciones de una futura reina.

Pero un día Mariya descubrió el secreto de Viktor. Supo que el amor que su amiga sentía era correspondido. Sabedora de la timidez de Viktor, amañó un encuentro fortuito y convenció, no sin esfuerzo, a Irina para que diera el primer paso. Y en ese encuentro Irina besó en los labios a Viktor. Fue un beso corto aunque intenso, inesperado pero largamente  deseado, impulsivo y planeado a un tiempo… Con ese beso se inició una gran historia de amor, SU historia de amor… Ese beso detuvo el tiempo, hizo desaparecer al resto del mundo y les mostró que ya nunca tendrían suficiente el uno del otro… Ambos estaban viviendo un sueño, un sueño hecho de miradas, de susurros, de caricias, de besos… y, por supuesto, de secretos. Un sueño del que despertaron abruptamente.

Un atardecer los vieron besarse en el claro de un bosque cercano a la aldea. El revuelo que se armó fue tremendo. El padre de Irina no estaba dispuesto a sufrir humillación alguna a causa de un jovenzuelo imberbe. No podía permitir que se pusiera en duda su honor. Para no mancillar el nombre de la familia, Viktor debía morir. Sería acusado de traición a la corona y le condenarían a morir en la horca. No se acosaba a la futura reina y se quedaba impune. Irina pidió clemencia para su amado, suplicándo a su padre que intercediera para que no fuera ejecutado. Le dijo a su padre que, si no acusaban a Viktor de traición, se olvidaría por completo de él, se casaría con Yussuff, le daría un nieto para que se convirtiese algún día en rey, y sería una esposa fiel, dócil y sumisa para con su esposo… como se esperaba de ella. Finalmente el rey atendió la petición de Irina, pero puso una condición. Viktor ingresaría en el monasterio de Tsari Mali Grad. Se convertiría en monje y consagraría totalmente su vida a Dios. Si no cumplía con lo acordado sería ajusticiado. Irina convenció a Viktor para que aceptara entrar en el monasterio. Estando con vida siempre habría la esperanza que un día pudieran abrazarse de nuevo…

Cuando Viktor marchó hacia el monasterio Irina habló con Mariya para pedirle un favor.

– No te preocupes – dijo Mariya –, yo me ocuparé. Encontraré la manera, te lo prometo…

Irina se casó con Yussuff y tuvo dos hijas, ningún varón. Su padre murió en un desafortunado accidente de caza. Irina murió a los cincuenta y nueve años a causa de una extraña enfermedad. Se dijo que había sido envenenada. Al día siguiente del entierro de Irina alguien profanó la tumba y robó su cuerpo. El cadáver fue quemado y sus cenizas depositadas en un pequeño cofre de madera.

Viktor, tras conocer la noticia de la muerte de su amada, se negó a ingerir ningún tipo de alimento. Ya no tenía ninguna razón para seguir viviendo. Duró tres meses. Al día siguiente del entierro de Viktor alguien profanó la tumba y robó su cuerpo. El cadáver fue quemado y sus cenizas depositadas en el mismo cofre donde estaban las de Irina. Mariya había cumplido su promesa y, finalmente, los enamorados podían estar juntos… para siempre.

El cofre fue enterrado en el claro del bosque donde Irina y Viktor se dieron el último beso. Con el paso de los años la madera se pudrió, y las cenizas se mezclaron con la tierra que había a su alrededor. La lluvia hizo el resto. Brotó un rosal, un espléndido rosal con rosas rojas de perfume intenso, que tenía una particularidad. Había dos rosas cuyos tallos estaban entrelazados y que era imposible separar. Si se cortaban, al cabo de unos días, volvían a brotar dos tallos entrelazados que culminaban en sendas rosas rojas… Y ese rosal llegó a ser más importante de lo que podría parecer… aunque esto, es otra historia…

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