La Meccanica Sonora

sonoraSalí a las dos de la oficina. Iba a utilizar mi hora de comer para buscar un par de libros que me habían recomendado. Cruzaba la Plaza de la Universidad cuándo una chica que debía rondar los veinticinco se me acercó. Llevaba una camiseta roja que llamaba mucho la atención.

– Hola, ¿tienes un minuto?

Iba a decirle que no, que tenía prisa, como acostumbraba a hacer cuando alguien me abordaba por la calle, pero me sorprendió lo que respondí.

– Tengo un poco de prisa, pero dime…

– ¿Tienes hijos? – me preguntó.

– Sí, tengo dos.

Empezó a hablarme de una organización no gubernamental que hacía proyectos única y exclusivamente dirigidos a niños, sobretodo escuelas e iniciativas relacionadas con la salud y la alimentación.

– ¿Te gustaría colaborar en este tipo de proyectos? – preguntó.

Tal y como lo había planteado no me parecía ético negarme. Acepté aportar una pequeña cantidad mensual y formalizamos la colaboración. Me dijo que debía esperarme con ella pues me llamaría su supervisor para verificar que los datos que ella había pasado, a través de su móvil, eran ciertos y no se los había inventado.

– No tardará mucho en llamar – me dijo – sólo serán unos pocos minutos.

Empezamos una conversación, digamos, tipo ascensor: hablando del tiempo, de la situación económica… pero de repente me empezó a hablar de música. Me dijo que tocaba la guitarra en un grupo: La Meccanica Sonora. Le pregunté qué clase de música tocaban.

– Nos gusta la música de los 70, e improvisar y experimentar con ella, aunque también versionamos algunos temas…

Estábamos delante de un bar y le propuse continuar la conversación tomando una cerveza. Accedió.

Entramos y pedí dos cañas. Le comenté que yo había tocado la batería, y le hablé de mis referentes musicales.

– ¿Led Zeppelin? – pues claro me dijo – me encanta “Inmigrant song”.

– ¡Vaya caña de canción! – exclamé – Nunca hubiera dicho que a alguien de tu edad le pudiera gustar.

– Mi hermano mayor que fue el que me dio a conocer esta música. A él le gustaba mucho Deep Purple, ya sabes, “Smoke on the water”, “Woman from Tokyo”…

– ¡No fastidies!, a mí de joven me encantaba Deep Purple… ¡tenía todos sus discos!

– Pues nosotros a veces hacemos alguna versión de estos grupos, aunque no es lo habitual. En Facebook tenemos clips colgados, escúchalos, yo creo que hay algunos que te pueden gustar.

– ¿Meccanica Sonora has dicho?

–  Sí, con dos ces. Y si le das al “Me gusta” mucho mejor…

– Me conectaré y os escucharé

Me parecía increíble estar teniendo esta conversación… tenía la sensación de haber dado un salto en el tiempo con una compañía imposible… me divertía el desparpajo con el que hablaba de músicos consagrados, viejos rockeros algunos de los cuales fueron ídolos de mi juventud y ahora eran mitos vivientes… De repente en el bar sonó el frenético ritmo de guitarra de Jimmy Page en “Inmigrant Song”…

– ¡Qué casualidad! – exclamé.

Intentamos imitar el alarido de Robert Plant acompañando la guitarra hasta que estallamos en una carcajada.

– Esto me ha recordado una ocasión en que cuatro amigos volvíamos de la disco a las cinco de la madrugada, evidentemente los cuatro que no habíamos triunfado, y debíamos caminar por una carretera secundaria unos tres kilómetros. Nos asignamos guitarra, bajo, batería y voz, y empezamos a hacer el “Rock and Roll” de Led Zeppelin. Los tres kilómetros me parecieron tres metros. Acabamos con “Black Dog”…

– Como veo que te fascina la música te voy a preguntar algo. ¿Se puede echar de menos algo que no se ha tenido? – preguntó de sopetón.

La miré atónito. No entendía a qué venía la pregunta.

– ¿Qué tiene que ver con lo que estábamos hablando?

– Pues nada y mucho… y como no me conoces me da igual que pienses que estoy loca… – explicó – A veces compongo canciones, y hace poco compuse una que, cuando la escuché, me produjo una sensación que nunca antes había sentido.

– ¿Qué sensación? – le pregunté.

– Tuve la impresión que era la canción que toda mi vida había estado esperando escuchar y, al oírla, sentí que, desde siempre, la había echado de menos…

Me quedé mirándola.

– ¿Como si fuera tu obra maestra? – le pregunté.

– No lo sé, yo no lo diría así… es más como la sensación que tienes al recuperar a un viejo amigo con quién te habías peleado: en ese instante, te das cuenta de lo mucho que necesitabas estar con él…

– ¿Cómo se llama la canción?

– La llamé Isis.

– ¡Me miras como si hubieras visto a un extraterrestre! – añadió riendo.

– No, nada de eso – respondí – La lógica dice que no es posible echar de menos algo que no has tenido, pero yo siempre he creído en la magia que emana de algunas personas, en lo que comprendemos con el corazón, en ese punto de locura que hay cuando sentimos un impulso…las cosas no suceden simplemente porque sí…

– ¿Eso quiere decir que tu respuesta es sí?

–  No seas tan tajante, las cosas no son blancas o negras, sino que hay una rica gama de grises por la que movernos…

Entonces sonó mi móvil. Era su supervisor. Corroboré los datos que él me fue diciendo y colgué.

–  Bueno, voy a ver si consigo hacer algún otro socio. Necesito el dinero. Lo de la música no da para vivir.

–  Muy bien, ya os dejaré algún comentario sobre vuestra música en el Facebook. Por cierto, ¿cómo te llamas?

–  Me llamó Patricia – contestó mientras salía del bar.

Pedí otra cerveza y un pincho de tortilla. Se había hecho tarde para comprar libros. Ya iría otro día. Pensé en la pregunta que había quedado en el aire. Quizás Patricia tuviera razón y se podía echar de menos a alguien con quién nunca se ha estado… Pensé en Lily. ¿Sería ella mi Isis?

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