¿Cita a ciegas?

interroganteEstaba en la barra del bar tomando una cerveza, tal y como habíamos quedado. Sonaba una canción que me resultaba familiar aunque no sabía por qué… Hacía unos días había recibido un correo electrónico de alguien desconocido. En el texto del correo se leía:

“Va a estallar una nueva vida a causa de una gran experiencia”

… y me citaba en un local de estética vietnamita el día ocho de agosto a las ocho de la tarde. Había estado a punto de borrarlo directamente, como suelo hacer con el correo que no sé quién me envía, que ni tan solo lo abro. Pero este lo abrí, lo leí y alguna cosa llamó mi atención. No sé decir exactamente que fue. Las palabras que había utilizado, la grafía nada corriente, las tonalidades lilas del texto… en fin, creo que poco importa. El caso es que hoy era ocho de agosto, eran las ocho menos cuarto de la tarde y estaba en aquel hotel. “¿Cómo te reconoceré?”, le había preguntado por correo. “No te preocupes, seré yo quien me dirija a ti”, me había respondido. O sea que me conoce pensé.

Cuando faltaban cinco minutos para las ocho entró ella. Era mi amiga Eva. ¡Qué sorpresa! Era la última persona que pensaba encontrar en ese bar, aunque fuera a la que más deseaba ver… siempre. “Así que era ella la del correo enigmático… “, pensé. Sólo hacía un año que la conocía, pero tardé muy poco en darme cuenta que era excepcional, alguien fuera de lo común que brillaba con luz propia, una persona fascinante que ponía pasión en todo lo que hacía, una mujer que no dejaba indiferente… Habíamos hablado durante muchas, muchas horas. Nos habíamos contado nuestras vidas, lo que pensábamos, lo que anhelábamos… Yo nunca tenía suficiente de ella, siempre había algo más que contarle o algo más que escuchar… Tenía la sensación que ella había formado parte de mi vida desde siempre, quizás porque en Eva veía reunido todo aquello que deseaba, todo lo que buscaba en una mujer… Descubrí que nuestras vidas se habían cruzado miles de veces, aunque sin nosotros saberlo, y había llegado a la conclusión que el destino se había empeñado en que nos encontráramos. Y así había sido. La primera vez que la vi tuve la extraña sensación que era la persona que había estado esperando toda la vida…

Me resultaba difícil describir lo que sentía por Eva. Una vez intenté explicárselo, pero no encontré palabras que pudieran describirlo, como si nunca antes nadie las hubiera tenido que pronunciar y no existiesen aun… no sabía cómo expresarle el abanico de sensaciones multicolor que ella me provocaba, sólo era capaz de vivirlas intensamente aunque sin compartirlas… Sentía una mezcla de amor, deseo, amistad, admiración, respeto… en proporciones diferentes según mi estado de ánimo… Sólo sabía que, fuera lo que fuera aquello, quería que se convirtiera en eterno para no dejar de sentirlo nunca… era un sentimiento maravilloso, de íntimo disfrute, que suavemente embriagaba, y que siempre era distinto en matices e intensidades… único e irrepetible. Ella había aparecido en mi vida en un momento emocionalmente duro, y su magia había hecho que esa dureza mutase en dulzura… Había sido la persona que había dado sentido a mi forma de entender la vida, que me había hecho sentir vivo cuando empezaba a dudarlo… Me había enseñado que enamorarse y edad pertenecían a declinaciones distintas, y que el respeto hacia las personas es un valor que nunca, nunca, había que perder… Y también me había enseñado que la vida no está exenta de dificultades, algunas enormes, pero que nuestra actitud al afrontarlas y la fe en nosotros mismos nos permite superarlas. Me decía que soñar despierto era mejor que soñar dormido, y que nunca había que dejar de perseguir un sueño… Me había enseñado como la capacidad de sufrimiento y el espíritu de superación obraban milagros… Pensar en verla me provocaba una sensación de extrema excitación que hacía que todo lo demás empequeñeciera hasta desaparecer, que el tiempo dejara de existir… nunca nadie me había hecho sentir así antes.

Me acerqué a ella y saludé.

– Hola Eva – le dije mientras me acercaba a su mejilla para darle un beso – ¿a qué viene todo este misterio?

Ella se apartó.

– ¿Qué haces? ¿Quién eres? ¿Nos conocemos? – me contestó.

– ¿Cómo que si nos conocemos? Soy yo, soy Víctor. ¿A qué juegas? ¿Dónde me he perdido?

– Mira, si estás intentando ligar conmigo pierdes el tiempo. Ahora mismo no estoy para estas cosas. Eres guapete, no tengo nada contra ti, pero prueba con otra.

No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿Qué le había pasado para que actuara así? No entendía nada…

– Bueno, si es una broma no la entiendo, pero ya puedes dejar de hacer ver que no me conoces – le dije riendo.

– Y dale. Miro tío, vete a ligar con otra porque al final me voy a enfadar – contestó terriblemente seria.

Me quedé pensativo mirándola. No sabía qué hacer. Sus palabras me habían dejado fuera de juego. ¿Era eso lo que quería? ¿Decirme que me fuera de su vida? Noté que mi interior se resquebrajaba… ¿Qué había sucedido? ¿Qué había hecho mal? Me sentía aturdido, perdido… No entendía que perseguía con aquella pantomima… De repente se abrió la puerta del bar y alguien entró. Oí una voz familiar detrás de mí.

– ¿Qué tal, sorprendido de verme? – me preguntó – mientras me daba un beso – Veo que ya os conocéis. Te presento a mi hermana.

Sólo acerté a balbucear algunos sonidos guturales inconexos que ni yo mismo sabría traducir. Supongo que mi expresión se hubiera podido definir como algo entre estúpido y desorientado. Me había dicho que tenía una hermana, ¡pero no que eran gemelas! Bien mirado, era la única forma que pudiera existir alguien como ella.

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s