El simulacro

copa de vi.4jpgEstaba en una reunión cuando empezó a sonar la sirena.

– ¿Qué sucede? – pregunté.

– Es un simulacro de incendio. ¿No recuerdas que mandaron un mensaje avisándolo?

En ese momento recordé que, efectivamente, hacía unos días había recibido un correo electrónico comunicando la realización del simulacro. Allí finalizó nuestra reunión y fui hacia mi mesa para dejar el portátil y enfilar camino a las escaleras. Entonces sonó el móvil. Era una compañera de trabajo.

– ¿Dónde estás?- me preguntó.

– Bajando por las escaleras – contesté yo.

– ¿Una copa de vino en el hotel aprovechando el parón?

– Perfecto… – me oí a mí mismo responder.

Su propuesta me hubiera tenido que sorprender, a tenor de la relación que teníamos, pero no sé muy bien por qué pero no fue así. Su pregunta era espontánea, atrevida, sonaba desafiante y con un cierto punto de misterio… tal y como era ella. Poseía algo que la hacía distinta a las demás. Fuimos al bar del hotel y pedimos dos copas de vino blanco. Escogí un verdejo. Le gustó. Nuestra conversación giró en torno a temas muy dispares: música, sexo, restaurantes, viajes… temas inconexos que ella, con mucha habilidad para saltar de un tema a otro, se encargaba de engarzar perfectamente. A pesar de su juventud poseía un bagaje que me sorprendía.

– ¿También conoces a Canned Heat? – pregunté sin salir de mi asombro.

Le gustaba pasar desapercibida, seguramente porque una mujer como ella nunca pasaba desapercibida… Su sencillez hacía que, en ocasiones, pudiera parecer tímida, inocente, pero detrás de esta imagen se escondía alguien que sabía muy bien lo que quería: vivir. Dos cosas destacaban por encima de todas: su mirada y su sonrisa. La mirada siempre traicionaba sus sentimientos, porque era franca, sincera, y sus ojos poseían ese brillo especial que aparece cuando se viven todos los momentos, por pequeños que puedan parecer, con pasión, con toda la intensidad de que se es capaz… Su sonrisa… eso era capítulo aparte. Era una sonrisa capaz de convertir un mal día, en maravilloso. La combinación de ambas era simplemente mágica…

Sonaba una canción de Amaral

“Será tu voz, será el licor, serán las luces de esta habitación

Será el poder de una canción, pero esta noche moriría por vos”

Al escucharla, por un instante, mi mente se marchó lejos del hotel… El sonido de su voz y, sobre todo, el golpe en mi brazo, me hizo volver a la realidad.

– ¿Has tenido alguna experiencia homosexual?

La pregunta me sorprendió. Dudé unos instantes, sin saber muy bien si debía contestar. Por la expresión de su cara creí que este tipo de situaciones le encantaban, se sentía extremadamente cómoda en ellas. Jugaba siempre al desconcierto ajeno. El aroma a desafío de sus palabras y el descaro al pronunciarlas hicieron que quisiera ganar tiempo para dar con una respuesta que estuviera a la altura. Los pulsos dialécticos me encantaban.

– ¿Y tú?

– Contestar a una pregunta con otra es una argucia demasiado vieja. Yo disparé primero forastero – contestó – No quieras ganar tiempo, contesta.

– Pues, a riesgo de decepcionarte, he de confesar que no he tenido nunca experiencias homosexuales.

– ¿Decepcionarme? ¿Por qué decepcionarme?

– Porque hoy en día la ambigüedad está de moda… Lo indefinido crea un halo de misterio que resulta muy atractivo para muchas personas.

– ¿Tú crees que yo soy misteriosa?

La respuesta era un rotundo y sencillo sí, pero resultaba demasiado evidente.

– ¿Misteriosa o… ambigua?

Ella vaciló unos instantes. No esperaba esta respuesta.

– Mi halo de misterio, como lo llamas tú, se debe a mi forma de ver la vida, no a mi sexualidad. Sexualmente no soy nada misteriosa…

Por un momento dejé volar libremente mi imaginación… sólo fueron unos segundos…

– ¿En qué estás pensando? – dijo en tono burlón y ofreciéndome una gran sonrisa.

– Me estaba preguntando qué escondes detrás de esa cara angelical…

– Experiencias tan fantásticas que ni te las imaginas…

Me miró sin decir nada. Sabía jugar con los silencios, las medias palabras y el lenguaje de sus ojos…

– Te gusta flirtear con el misterio, ¿verdad? – pregunté.

– Es parte de mi encanto – contestó riendo – pero pienso que con quién hay que tener un idilio no es con el misterio sino con el destino.

– Y si no se consigue tenerlo, ¿puedes escapar de él? – pregunté.

– El destino siempre nos encontrará, por mucho que intentemos esquivarlo. “Si está escrito que mañana mueras, morirás; si está escrito que mañana ames, amarás…” dice un antiguo proverbio vietnamita.

– Y si está escrito que mañana me amen, ¿me amarán? – pregunté con cierta ironía.

Soltó una sonora carcajada.

– ¿Miedo a no ser amado? Despréndete de estos pensamientos, suéltate, sé tú mismo… estoy segura que hay muchas mujeres ahí fuera esperando a alguien como tú…

Hizo una pausa sin apartar la vista de mis ojos.

– Pero no me hagas caso – añadió -, me gusta meterme en todo. Y volvamos que ya hace rato que debe de haber finalizado el simulacro.

La verdad es que me quedé con las ganas de continuar hablando con ella… me motivaba enormemente su conversación… Cuando salimos del hotel pensé que ese día había empezado alguna cosa entre ella y yo, ese día aprendí que, detrás de cada copa de vino, puede haber una interesante historia…y me vino a la memoria la última escena de Casablanca.

– Presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad – le dije parafraseando a Humphrey Bogart.

Ella sonrió. Pensé que no sabría decir quién era Rick y quién el capitán Renault.

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2 thoughts on “El simulacro

  1. Me quedo con estas dos frases como resumen de tu historia: “El aroma a desafío de sus palabras…” y “éste es el comienzo de una hermosa amistad…”.
    Por un lado la valentía y por otro lado la CONFIANZA.Me ha gustado y lo más importante para mi de esta historia es que por encima de estereotipos y finales convencionales aquí triunfa la AMISTAD por encima de todo.Felicidades Fredi. Un abrazo

    • Muchas gracias Laura, me alegro que te guste… La amistad es un valor que se construye sobre una base de confianza, y que no deberíamos sacrificar nunca… Un beso 🙂

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